Hace algún tiempo he estado interesado en los voluntariados como opción de vida. Como soy un pobre inocente y crédulo, pensaba que los voluntariados eran oportunidades de entregarse voluntariamente a un servicio social, que no necesariamente tiene que ver con los temas a los que dedicamos nuestros estudios. Uno puede pensar que el voluntariado es un estilo de vida para el antropólogo que se la pasa con sus botas Merrel de caserío en caserío, o para los etnólogos que adoran escudriñar en las entrañas de las culturas perdidas. Pero no es así, últimamente el voluntariado y el espíritu de viaje se han tomado el mundo de tal forma, que no nos parece desquiciada la idea de irnos a África a bendecir a un pueblo desolado con nuestra presencia iluminada, eso sí, por un par de mesecitos.

DESCARGOS

Debo decir que admiro a las personas que dedican su vida al servicio de su comunidad, sea de tipo religioso (Hare Krishnas, Sacerdotes, Monjes) o de forma organizacional. Su forma de emplear este tesorito que llamamos vida me parece completamente loable y espero algún día poder dedicar la mía algún servicio menos egocéntrico que escribir o diseñar, como ellos lo hacen. Lamento un poco la imagen que este mundo le ha vendido a la gente sobre el servicio, donde todo se vuelve banners en redes sociales y frases inspiracionales para saber si debemos terminar con nuestras parejas o no.

CAMP ROCK TRABAJADITO

Empecé mi investigación como todas las personas de nuestra generación: por internet. Ubiqué varias instituciones (que para qué les hago mala propaganda, ni las menciono) que ofrecían una experiencia completa en donde el voluntario se sumerge en un entorno desconocido para sus comodidades posmodernas y tiene la oportunidad de trabajar por su manutención. Hay de todo tipo, desde darles educación a niños menos favorecidos en África, hasta recogerles la caca a los elefantes en un santuario en Taiwan. A medida que uno va leyendo su descripción se va a dando cuenta de que no es una cosa tan de voluntario y que tampoco es que uno se gane la papita por ir a pasar el tiempo con los elefantes, es más como un Camp Rock trabajadito.

Me explico: Si uno va a ir a entregar su vida a una organización que se encargue de salvarle la vida a gente desamparada, uno no espera que le pidan plata. Uno espera que le saquen la leche, que lo pongan a dormir en una cama de puntillas, que lo pique el zika y lo ponga fuera de funcionamiento, pero realmente uno no espera que uno tenga que pagar porque bueno, uno está entregando su vida ¿no? Pero no, en estos sitios usted tiene que pagar un cojonal de plata, para poder ir a enseñar el abc en inglés y tomarse fotos con los locales.

Los astutos dirán que es envidia, pero no es así, realmente este disgusto tiene una problemática más de fondo que simplemente tener repudio por tener que pagar por ir a hacer un servicio social en donde probablemente no lo necesitan a uno.

TURISMO DE HUÉRFANOS Y OTROS HORRORES

Continuando con mi investigación me puse a pensar: Si realmente lo necesitan a uno allá ¿por qué endiablados me están cobrando hasta 12’000.000 de pesos por prestar mis servicios? ¿Es que mi vida no vale? Realmente ese no es el problema, el problema es que se volvió un negocio voraz y como todos los negocios voraces están destinados a corromperse por hacer más plata.

En una charla TED, Daniela Papi, directora de Skoll Centre for Social Entrepreneurship en Oxford, expone el problema de una sola manera: irnos a viajar de voluntarios básicamente hace que los propósitos del voluntariado fracasen. Puede sonar paradójico, pero tiene sentido. Daniela habla de que la mayoría del tiempo nuestra forma de ayudar a una comunidad desprotegida es darle las cosas que nosotros entendemos como necesarias y cotidianas. Así que el pintar casas de gente viviendo en miseria en Etiopía, enseñarles el abc e incluso comprarles golosinas se vuelve una forma de tornar a la comunidad perezosa frente a su situación y esperar que los voluntarios den estas pequeñas muestras de compasión todo el tiempo. Si hablamos estrictamente, no estamos arreglando el problema, estamos empeorándolo. Y no es que nuestra voluntad sea mala, es que no nos hemos preparado para entregar nuestra vida como voluntario, al menos no mentalmente.

Muchas veces los impulsos que nos llevan a irnos de voluntarios no son exclusivamente serviciales, muchas veces queremos huir y no ver a nadie más y sentir empatía por un ser que esté pasando por necesidades que nosotros nunca nos vamos a imaginar. Como todos somos el personaje principal de nuestra historia desde nuestra perspectiva, es claro que ninguno de nosotros somos malos, pero a la hora del té nuestra sola presencia en algún sitio puede volverse nociva.

Volviendo a la charla de Daniela, creo que una de las cosas más terribles que puede haber en este turismo de voluntariado, es el turismo de huérfanos, donde ponen a chicos vulnerables a hacer shows de baile todas las noches, para que los voluntarios se puedan tomar fotos, hacer videos y demás a cambio de filtros de agua y zapatos. Lo más triste de todo, es que la mayoría de estos chicos tienen a alguno de sus dos padres con vida, así que adivinen quién los pone en esas.

CURARLE LA PEREZA AL GOBIERNO

Si bien es cierto que muchas veces los voluntariados nacen por causas nobles, esas causas terminan diluyéndose en el tiempo y los propósitos. Por ejemplo, cuando Un Techo Para mi País me pide plata en la calle, siempre les digo que no, les digo que no y digo: La verdad yo no quiero quitarle responsabilidades al gobierno. No es que tenga mal corazón, es que he visto que esta organización en particular se ha vuelto una excusa para que primero, los voluntarios crean que están en algún tipo de conexión con la realidad de Colombia, y segundo, que le curen la pereza al gobierno de darle hogar a cada Colombiano que vive en la calle porque en su vereda los paramilitares acabaron con cualquier posibilidad de subsistir.

Por supuesto, querer ayudar a alguien en condiciones desfavorables siempre es bueno, pero nadie se pregunta por qué es que estas personas no tienen casa ¿Será la guerrilla?¿Serán las drogas?¿Será el desempleo?¿Será el déficit fiscal? Es probable que todas confluyan para que esta situación se dé, pero lo que realmente tenemos que entender es que el darle una casa a una persona no es una solución integral para ayudarlos a salir de la miseria o para que se conviertan en ciudadanos activos de esta sociedad, es una simple manera de lavarnos las manos al “poner nuestro granito de arena en la comunidad”.

Si realmente queremos combatir la injusticia social, los problemas de pobreza y miseria, deberíamos concentrarnos en reformar la educación, las facultades agrarias del país, el sistema de salud. Pero no, nada de esto es tan glamoroso como decir que me fui a construir una casa para personitas pobres en una montañita con un techo para mi país.

SER UN LÍDER SOCIAL NO ES GLAMOROSO

Este problema del glamour no es algo accesorio, es que realmente no podemos vender la imagen de un líder social como algo deseable. Si piensan, ningún líder social es lindo, ni adinerado, ni se va de paseo al Sommerland, son más bien descuidados y feos y probablemente no compran en Marc Jacobs. No sé por qué será así, pero así funciona. Y el problema es que la mayoría de personas (o animales) que necesitan de nuestra ayuda no nos van a ayudar a vernos glamorosos en redes sociales: Hay presos en las cárceles que necesitan que los escuchen por un segundo, hay animales en los centros de recolección del estado que necesitan que los cuidemos y que nuestra casa huela a perro para salvarles la vida, hay gente que se hubo desplazada del Bronx hace unos días que hoy están amenazados por la famosa limpieza social, pero solucionar nada de esto nos da estatus.

Es que hoy en día en un trabajo si usted ha dedicado alguito de esfuerzo al servicio social, lo contratan más más fácil, es decir, usted no puede ser discreto con la forma como ayuda a los demás, usted tiene que gritarlo a los cuatro vientos para que sea real. Y entre más se tome fotos y más se vea metido en el cuento, mejor, porque hoy en día sin la evidencia nadie es nada.

Me voy a valer de una cuenta de instagram que me encontré hace poco para ilustrar lo decoroso de esta situación.

Por último quiero decir, que si usted de verdad está comprometido con el cambio de este mundo tan estrellado en el que vivimos, arriesgue sus propias comodidades. Si se va a ir de voluntario, dedique su vida a ello, no lo haga por tres meses para traer fotos a la casa. Si pide paz, haga las paces con los que no concuerda y deje de insultarlos como si fueran enemigos, al fin y al cabo todos somos pulgosos seres humanos y buscamos las mismas cosas en la vida. Y por último, si quiere sentirse una pequeña ONG ¡Sea una de verdad! No se contente con saber que hoy un elefante en india tuvo un día menos de caca en su establo, o en su santuario.

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