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Cuando pienso en la Colombia que se viene delante, solo puedo remitirme mi relación actual con mi exnovia. Aunque nadie me lo crea, el exnoviazgo amistoso es un posconflicto, en el que muchas veces se tranzan intereses para darse cuenta de que el amor incondicional de una relación pasada, se asemeja a cuidar a una patria.

Cuando vi por televisión el primer apretón de manos entre Santos y Timochenko, pensé en la vez en la que me tuve que haber trancado varias cervezas en un concierto, para acercármele a mi ex a pedirle que no me odiara, que de cierta forma le quería pedir disculpas. Un evento muy similar al de festejado/odiado apretón, en el que una Colombia representada por Santos, en una borrachera medio amnésica que en ese momento olvidó todas las asquerosidades que pasaron entre las manos del famoso guerrillero, se combinaron con las otras marranadas que las manos de Santos deben cargar en su mugre. Pero los importantes no son ellos, al final, ellos se van a morir y solo los libros de historia los van a recordar a diario. Lo que realmente va a importar, va a ser cuando todos los días vayamos a ir a la oficina y probablemente nuestro compañero de escritorio sea un desmovilizado que alguna vez militó en la guerrilla.

¿Y ahí qué se hace? Pues nada, lo que hicieron los amigos de mi ex y mis amigos cuando nos aguantaron el tener que volver (pues al fin ellos son los que se tuvieron que aguantar esa situación incómoda en la que nos habíamos metido por decidir acabar una brecha que nos separó durante mucho tiempo, sabiendo que los problemas que nos separaron estaban tan adentro de nosotros, como los problemas que una vez separaron a la guerrilla de la tetica benévola del estado), apoyarnos, darnos el ánimo de que sí se puede construir una patria remendada y funcional entre los dos.

Es que de todo tipo de amigos hay, eso sí, porque están los amigos entusiastas que celebran que se haya acabado la pendejada, están los amigos paternales (y a veces la misma familia de uno o de otro) que quiere nunca más volver a tener que ver con ese otro ser inmundo que le generó salpullidos a su ser querido, de los cuales nunca se va a reponer, según ellos. Está el amigo mamerto que le dice a uno: Ay, es que esa vieja se la pasa en Baum y escribe en Vice. Pues para todos ellos, quiero decirles una cosa: Yo te acepto neoliberal y con Pricesmart, Colombia, así no simpatice para ni mierda con que este país se vuelva un nido de la individualidad.

Para todos los marchantes de los partidos políticos, sean simpatizantes o no de la izquierda, de la guerrilla, de la silla vacía, del proceso 8.000: Quiero decirles que en este momento su filiación es lo que menos importa, lo que importa es que hagamos propuestas para aceptar este reto, de ver como dos amigos se dan la mano, para dar paso a una relación nueva, poco a poco remendando los errores del pasado de ambos lados. Y a los que les vale huevo la política: ¡Espabilen! Puede ser que usted en algún momento tenga que lidiar con una exnovia y el ejemplo de los demás le sirva.

Ese es el núcleo del posconflicto, la aceptación de que algunos que tenemos cierto tipo de pensamiento, que suele estar asociado con gente oscura y de pésimos modales, podemos volver a soñar con el tener la palabra para decidir algo y que, al mismo tiempo, la otra parte, que es mayoría, puede vivir su vida en paz, comprando en Forever 21 y comiendo en Krispy Kreme, a veces escuchando nuestros consejos para que no se vayan a engordar, no se le dañe la ropa cada mes.

No vayan a creer que con el dar la mano es suficiente, no sean ilusos, si ahí es cuando todo se pone más difícil. Uno todos los días va recordando las cosas horribles que pasaron, los encerrones existenciales que cada parte representó para el otro y solo a través del perdón y la paciencia se pueden ir remendando. Nadie está diciendo que vayamos a cederle el puesto al señor que acabó con 300 personas en el Urabá Antioqueño, así sin más, pero sí al menos hacerle saber que hay una oportunidad de revindicar sus errores y que de todas formas, entender que si el otro se vio en una posición extrema de hacer daño, tal vez es porque nosotros mismos en algún momento lo forzamos.

También creo que parte del superar una relación de ese calibre, para que haya proceso de paz con un final feliz, es el poder entender que el perdón es presencia. Si nunca habláramos mi ex y yo, probablemente pensaríamos lo que pensábamos al momento de terminar, por eso creo, que todas las gentes deben entablar un diálogo amplio y extenso sobre las experiencias de cada uno en la época del conflicto, para así ver también, que el recordar es sanar, y que un país que no olvida y perdona, es resiliente. Así algunas veces nos parezcan pesadas las conversaciones del otro, o que hablan por hablar, es importante no perder la calma y dar la opinión de lo que pensamos o sentimos, aunque sea fastidio.

Por último debo decir que para que un posconflicto se pueda arreglar como una amistad entre dos exnovios, lo más importante, es la constancia y la paciencia. Pues si todos somos ese amigo entusiasta que quiere que ambos lados estén bien, vamos a poder participar de lo que sería una nueva época en donde los que estamos en contra de los vestigios de esta guerra, ya no somos dos bandos, sino un país unido por el perdón. Sean ejemplo con sus exdemonios, de un país que pide a gritos las vías del perdón.

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Caricatura por Mario Roberto http://www.juepucha.com

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