Desde hace un tiempo he venido leyendo Buena, Bonita y Bogotana, con interés más que morboso. Desde que vi la primera foto de la revista, sabía que había algo especial ahí, no solamente por los culos que salen a menudo en las fotografías, sino por la propuesta que tiene la revista en sí.

Recuerdo la primera vez que cogí una revista Soho en la peluquería donde peinaban a mi mamá, fue una experiencia extraña, sobre todo porque no le veía lo diferente a los afiches de Cerveza Águila. Hoy en día la diferencia es mucho más notoria, los afiches de Águila que hay en los talleres se siguen pareciendo mucho al reinado del turismo donde ganó la mujer de Gilberto Rodríguez Orejuela, mientras que la Soho se quiere parecer a más a una revista gringa, con las mismas viejas que las de los calendarios en los talleres.

De hecho todas las publicaciones Colombianas tienen un acento brutalmente marcado por el narcotráfico y negarlo es como negar a la madre, en serio. Se promociona carros, productos para la belleza de la mujer, también artículos para que el hombre se sienta poderoso y viril, es un hecho, en Colombia el narcotráfico más que económicamente, nos caló hasta los huesos moralmente, en la forma como vemos a nuestras mujeres y, a pesar de que muchos estamos mamados, las publicaciones que reconocen la imagen de la mujer no nos ayudan mucho a salir del estigma.

Vuelvo al cuento de Soho acá, y no solo de Soho, también hablo de Don Juan, Esquire y ese tipo de publicaciones con un tono más “sofisticado” del asunto. No hablo de los artículos, porque decirnos mentiras acerca de eso también sería un deshonor, pero sí hablo de las fotografías. En todo el recorrido que han tenido estas revistas en el país, nunca se ha dejado de tener esa imagen de la mujer trofeo, al estilo traqueto, que tienen ese tipo de revistas. Póngase a pensar, usted cuándo putas en la vida va a poder ver a Natalia París en su apartamento en cueras. No joda, pajéese lo que quiera, pero todos sabemos que las probabilidades de que usted y yo como colombianos clase media, que no tenemos carro de 700 millones de pesos, que no somos promotores de eventos millonarios y demás, veamos una cosa así en nuestra vida es bastante nula.

Y el problema no es solo por nosotros los manes que todo el tiempo tenemos la presión del exitismo social, de la competencia laboral y demás, también el asunto es con las viejas que además de tragarse toda esa verga que acabo de decir, tienen que aguantarse la presión de parecerse cuanto más puedan a Natalia París, porque pues así se supone que es lo que buscamos los manes. ¿Entonces cuál es el valor que nos generan esas publicaciones, que nos venden la idea de que estamos en vía de desarrollísimo, que tenemos un acerbo cultural supremo y que nuestras mujeres son productos dignos de exportación? Al final nos deja un malestar de no poder ser el man o la vieja que sale en sus páginas siendo exitoso y con carita de otro país.

La respuesta a esto, tal vez inocentemente, nació en una publicación indie que según sus principios busca exaltar la belleza de la bogotana que usted se cruza en el trabajo, en la calle, en su edificio, sin buscar ser modelo de nadie y centrado en el erotismo (esto suena un poco a cuña radial, pero estoy parafraseando de su página web) y no puedo estar más de acuerdo con que la revista cumple con todos sus objetivos. Al principio dije inocentemente, porque creo que a veces desconocen el potencial de identidad que circunda a la revista, y no solamente de identidad, de acción frente a las propuestas arribistas que nos regalan los medios día a día en el Publimetro.

Las fotografías, a pesar de que en un principio parecían tener más experticia técnica, suelen ser frescas, aunque un poco reiterativas en la imaginería y los montajes (pero bueno Soho y Don Juan se copian de otras revistas, no se les puede dar duro por eso), se les siente la guarrada y la ramplonería que vemos todos los días en Bogotá ¿Usted monta en Transmilenio? Estoy seguro de que en algún momento se imaginó así con alguna chica que iba montada en su mismo bus, sin mucho photoshop, sin mucho maquillaje, sin mucha teta levantada con silicona. Al final la reiteración no le impide a Buena, Bonita y Bogotana tener muchísimo contenido autóctono, sin insinuarnos ser como alguna de las chicas que salen en la revista, tampoco queriendo ser esa copia mediocre y traqueta de las revistas gringas.

Siento que ese es el núcleo que hace que Buena, Bonita y Bogotana sea tan buena, porque al fin y al cabo si lo que la publicidad y los medios nos venden de que podemos ser quien queramos, ellos lo defienden a capa y espada. Si usted no tiene medios para llegar en un BMW a la 85, o si simplemente no le interesa y ve la belleza de la cotidianidad, puede que ese sea su espacio. Donde nadie le va a recriminar que le guste ver viejas en calzones normales, en barrios por los que usted pasa diariamente en su vida cotidiana. Lo más lindo es que la mujer como espectadora puede encontrar un respiro de ver tanta edición y anorexia que hay en todas las demás revistas, esta revista es mucho más real, no le coma cuento a Dree Hemingway con su Lady Million.

Aunque lastimosamente, no todo puede ser bueno. Lo que le pasa un poco a Buena, Bonita y Bogotana es eso de que “No tiene talento, pero es muy buena moza” y no lo digo de forma despectiva, le ha hecho un poco de falta conseguir gente que le escriba buenos artículos, crónicas y demás. Porque pues de eso también se trata de una revista, sobre todo si los valores que defienden son tan poderosos y ricos como los que la revista predica. Para mí, es una oportunidad que la revista debería aprovechar para abrirse más espacio entre las publicaciones que se consideran “serias”. Porque si además de entregar un producto, que tiene un valor adicional , por su base conceptual y sus directrices, se publicara artículos de palabras robustas, estoy seguro que lo dejarían de ver como mucha gente me ha dicho: “Es una guisería, que es muy paila por la vulgaridad”.

De pronto la revista esté cómoda en su nicho de mercado donde la gente solo va a ver culos, pero sería sensacional si bajo sus directrices conceptuales hicieran un trabajo, no sé si sea el nombre, periodístico más serio. No por chauvinismo, también porque ver un formato latinoamericano compitiendo con chatarra como Noisey, El Espectador, Fox News, Vh1 y tanta basura que nos meten por las diferentes redes sociales, sería definitivamente refrescante.

Por último, me gustaría decir que desde el corazón de un seguidor acérrimo, felicito a los genios que crearon la revista. Creativos así son los que hacen falta en este país, que no apelen tanto a la copia y al arribismo, que sean más originales y mejor preparados para reconocerse como colombianos.

Y para los que no la han visto, acá les dejo

http://bbybtv.com/cms/

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