Estoy seguro que a todos los de esta generación nos ha picado el bicho de la sensibilidad con el tema del vegetarianismo, sobre todo porque en esta época la euforia con defender a los animales es un hecho que no podemos negar. Vivimos llenos de campañas por televisión, las redes sociales nos bombardean de culpa a toda hora y también la gente cercana nos habla de las bondades del vegetarianismo. Creo que en algún momento, fue justo y necesario. Sabemos que la manera como criamos a los animales hoy en día no es la más digna, a pesar de que nosotros nos criemos en ambientes igualmente hostiles, vivimos en una eterna preocupación porque los animales, como dirían muchos, merecen más que los seres humanos.

Las alternativas que plantean los pro-animales frente a esta situación de esclavitud y sufrimiento animal siempre recaen en el mundo vegetal, donde según las posturas de muchos de estos grupos, encontramos todos los nutrientes que necesitamos para vivir. No es mentira, si uno se mete a la página de PETA, puede encontrar dietas semanales basadas en avena, aguacate, nueces y demás variedad de frutos, tallos y hojas de diferentes plantas.

Las opciones que encontramos en la página de PETA, no solo para alimentación, también para vestido, literatura e incluso entretenimiento, es vasta y completa. Videojuegos con temáticas veganas, sacos veganos, incluso alguna vez supe de una chica que tenía charol vegano (nunca supe cómo lo hacían). Todos estos productos, claramente, para el sostenimiento de una organización que hoy en día no sé qué tan sin ánimo de lucro sea. Y no es solamente una organización, el veganismo se ha vuelto una institución, encontramos tiendas veganas en cada barrio, podemos vivir la vida ideal neoliberal sin animales, pero he ahí el problema, la responsabilidad recae completamente en las plantas.

Si bien, el argumento de la mayoría de veganos es que las plantas no tienen sentimientos y que por eso las pueden consumir sin ningún tipo de remordimiento, hay dos razones por las que este argumento se cae solo de su peso: El primero, que las plantas también son seres vivos y que, como a los animales que hacen parte de una línea industrial de producción, se les somete a tratamientos químicos y a una vida controlada dentro de un invernadero con el único propósito de nuestra alimentación, eso a mí me parece que es un cerdo de engorde. La segunda razón, es que cerebralmente la mayoría de animales tenen la corteza prefrontal orbital poco desarrollada (excluyendo a algunos primates que, a excepción de algunas culturas, no consumimos generalmente) lo que hace que no puedan tener sentimientos complejos, solo emociones básicas como la ira, o el miedo.

Pero es normal, es normal que nos precipitemos a abogar por los animales sin que nos detengamos por un segundo a contemplar las plantas. Dos botánicos, Wandersee y Schussler, llamaron a esta “enfermedad” plant blindness,que en español sería algo así como plantonismo (sí, me lo acabo de inventar) y se debe a varios procesos. El papel de los medios dentro del crecimiento de un ser humano es retroalimentativo, si los shows de televisión, las revistas y demás narrativas educativas tienden a darle importancia a los animales y dejar de un lado escénico a las plantas, es natural que la gente crezca dándole más importancia a los animales. Pero este no es el motivo de fondo, es más bien lo que los mismos que acuñaron el termino de plantonismo, llaman zoochauvinismo, que se refiere a la preferencia de las gente en general a los animales sobre las plantas.

Pienso que más que zoochauvinismo, es cuestión de egocentrismo. Vemos en los animales más de nosotros mismos que en las plantas: Los animales se mueven a una velocidad que podemos razonar, tienen familias y experimentan visiblemente sensaciones parecidas, así pues, cuando le damos de comer a un perro, bate la cola, o cuando le regañamos porque se caga en la sala, nos mira con miedo. Pero no es que sintamos compasión por ellos, o que pensamos que son mejores, en realidad es un culto a la vida humana por completo, de una manera reductiva.

No me voy a quedar en consideraciones negativas, lo que más me ha interesado de este cuento del veganismo es que la razón fundamental para explotar a las plantas, como si fuesen un mineral más, es que argumentan que las plantas no tienen sentimientos.

Hace poco, viendo videos de Myth Busters, me encontré con dos cosas curiosas, la primera, un video del canal Smithsionian, en donde a través de experimentos con éter y fuego, comprobaban que las plantas responden a diferentes estímulos del ambiente como las drogas o el dolor. El segundo, aún más interesante, fue un mini documental sobre el trabajo de Cleve Backster, inventor del polígrafo, acerca de cómo las plantas perciben estímulos no solo directos, sino indirectos hacia ellas.

El doctor Backster, a partir del polígrafo, experimentó con varios estímulos en plantas y encontró que, incluso en los alimentos orgánicos, se perciben pulsiones eléctricas frente a los estímulos. Por ejemplo, al insertar mermelada de fresa en un yogurt, una planta que tenía conectada al polígrafo experimentó picos abruptos, como si las células que componían la mermelada estuvieran comunicándose con la planta. A este fenómeno, Backster lo denominó percepción primaria y aunque parezca esotérico, es uno de los argumentos por los cuales me he inclinado a pensar que las plantas sienten y se comunican de formas que aún no entendemos bien.

Entonces no habría motivo para cultivar, clonar, cortar y, en general, utilizar las plantas como objetos, porque los argumentos que hemos tenido durante años han sido como una doctrina religiosa sin fundamentos, a pesar de que muchos de sus pretextos hayan sido considerados como inválidos. El problema no es consumir carne, ni consumir vegetales, porque habrán los que digan que nos alimentemos de agua y tierra para no herir a las plantas, pienso que es un problema más de tratamiento ético.

Si las plantas son seres vivos que sienten y pueden intervenir el ambiente, cómo sabemos que lo hacen ¿Por qué habríamos de tenerlas en plantaciones enormes en donde solo nos sirvan como granjas de engorde? ¿No sería más justo, para animales y plantas, si creyéramos en una forma más ética de consumo? En donde sí, matemos animales y plantas, pero también tengamos en cuenta que es la muerte de un ser vivo quien nos proporciona la vida todos los días.

Creo fervientemente que la gente que apoya y milita en estas instituciones veganas activistas están inscritas, sicológicamente, por motivos muy diferentes a la protección y el tratamiento ético. Creo que es un hecho snob, como nos ha criado esta sociedad de competencias, para sentir que somos mejor que los demás. Al igual que la creación del carro híbrido, la moda de andar en bicicleta, ó incluso la tendencia hacia los partidos de izquierda, el veganismo debe plantear mejor sus principios éticos, pues creo que todo es parte de una estrategia mercantil para abrirle la banda a un mercado emergente que cada vez es más grande, y cada vez menos honesto.

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