Carolina Sanín y Chompos: silenciar es el camino.

En días pasados, la polémica por el matoneo en redes sociales volvió a ser relevante en la comunidad académica universitaria del país, porque en un grupo de Facebook llamado “Chompos y cursos ásperos Uniandes” se hizo un meme que mencionaba a Carolina Sanín, profesora de la Universidad de los Andes. En el meme se hacía referencia a la profesora en un tono más bien de burla, haciéndole un chiste sexual que la comparaba con un trozo de pizza, papas fritas y un tarro de nutella. El chiste subido de tono, empezó a tener relevancia cuando Sanín y varios otros personajes de la comunidad universitaria empezaron a protestar en contra del contenido. Los reclamos de los protestantes indicaban que la Universidad debía silenciar a este grupo y sus actividades impropias de una comunidad estudiantil, pues mostraban continuamente visos de acoso sexual, racismo, estupidez e ignorancia (entre otros). La comunidad de “Chompos” no se demoró en responder y asediar a los protestantes con memes y arengas anti feministas que inundaron las redes sociales de quienes estuvieron en contra del acto violento contra la periodista.

Al día de hoy, varias son las peticiones de los defensores atienden a diferentes naturalezas, pero principalmente se dividen en las siguientes:

  1. Que las directivas de la Universidad se ocupen de silenciar al grupo que “no representa” a la comunidad.
  2. Que se les castigue a quienes estén detrás de los actos violentos perpetrados en la red social.

Incluso hay quienes buscan acabar la comunidad en redes sociales porque usan principios terroristas.

En esta pequeña pieza de opinión, mi propósito es explicar por qué las soluciones que se le han buscado a los actos violentos del grupo son aún más violentos y represivos que los mismos sabotajes. También la idea es dar alguna respuesta a cómo es posible mejorar la situación con este grupo que, si bien muestra los malestares de una vida inmersa en la violencia y el morbo, también está compuesto por personas que probablemente necesiten ayuda y no ser silenciados.

carolinasanin

La publicación de facebook en la que Sanín fue mencionada

Silenciar es el arma más efectiva

“Chompos” no es una idea nueva, es más, es tan solo la respuesta de la comunidad Uniandina que tienen a grupos como “MyEF” de la Universidad Nacional y en general a grupos de internet donde las personas se convocan virtualmente para discutir temas de interés que no necesariamente tienen que ver con la agenda de cosas permitidas socialmente. El ejemplo más claro y ya un poco trillado es el board de internet 4chan.org/b/, donde nacieron grupos como Anonymus que hoy en día siguen causando revuelo y estragos en el mundo digital, y donde también se publican contenidos al margen de la ley que atentan contra las normas sociales aceptadas en los medios mainstream: pornografía infantil, suicidio, homicidio, etc.

Por más de que actos terribles se ejecutaron, estos grupos se han mantenido firmes en las redes y siguen creando contenido.En realidad los esfuerzos sociales por acabarlos no están concentrados en determinar por qué existen estos grupos y ayudar que las personas que los componen tengan un comportamiento menos tóxico frente a la sociedad, los esfuerzos están concentrados en silenciar a estas personas y hacerle entender al mundo que no existen. Así seguramente vamos a arreglar a todos los que no son “normales” invisibilizándolos y enviándolos al destierro.

El mismo caso se ve en el problema de la periodista Sanín con los memes creados en la página de Chompos donde ella es protagonista. Desde el instante en el que la profesora se da cuenta de la existencia de los contenidos, llama a una guerra en redes sociales en donde una campaña de repudio en contra de la Universidad, de la clase social a la que pertenecen los estudiantes, de los estudiantes que no comparten sus visiones políticas  e incluso en contra de la calidad de la educación que entrega a la institución, todo porque a un estudiante se le ocurrió que era cómico decir de forma agresiva que Sanín era algo que se quería comer. Ahora la profesora se vale de la burocracia para silenciar al grupo y hacer que nunca más desadaptados de este tipo se metan con su integridad.

Aquí es donde el discurso de los humanistas y sus defensores pierde sentido, porque si de alguna forma todos somos humanos y todos tenemos derecho a pertenecer a una comunidad, como lo hacemos físicamente ¿Por qué nadie le da el derecho a esta gente de tener un debate o una discusión sobre el problema? Durante los días que ha durado la polémica, Sanín nunca ha citado a los  representantes de los grupos a reunirse con ella, ni a dialogar, ni a hacer un foro en el que discutan por qué la violencia de género es un problema.

Pero no. Hay que silenciarlos, porque en esta sociedad la única vía es la punitiva, sin importar la violencia que represente el hecho de quitarles la oportunidad a personas que viven en un estado de violencia constante, la oportunidad de volverse voceros de las vías del diálogo. Esta es la muestra de que en nuestro país no hemos comprendido cómo se solucionan los conflictos ¿No les suena conocido este caso? Sí, en los últimos días a un grupo guerrillero le quitaron la oportunidad de vincularse a la vida civil para dejar de asesinar.

Es muy fácil hablar bien y lindo y decir que uno tiene a toda la literatura defendiéndole, pero cuando se trata de reconocer que un enemigo es un ser humano en sufrimiento también, ahí la cosa cambia. Y es entendible que la profesora tema por su integridad, pero ya tiene el apoyo de una comunidad que convoque a un diálogo con los “matones” de “Chompos” y solucionen sus diferencias ideológicas en una discusión académicamente respetable. También es un hecho que el anquilosado sistema de seguridad con el que cuenta la Universidad de los Andes le ofrece las garantías para que un evento de este tipo tenga todas las garantías que le requieren.

El crímen y el castigo

Es difícil saber qué tipo de crimen cometió la persona que publicó el meme inicial, porque en realidad es muy difícil saber el perjuicio al que se enfrentó la periodista. De cualquier forma, hoy hay especulaciones de que se iniciará un proceso legal en contra de los estudiantes que administran la página y los creadores del contenido. En dado caso que algún proceso de este tipo se logre ajustar, existen probabilidades de que los estudiantes no solo queden expulsados de la Universidad, sino que enfrenten un juicio público como el que enfrentaron los protagonistas del caso Colmenares y el muchacho del Audi que estrelló aun taxi manejando borracho y mató a dos personas.

Cualquiera de los posibles castigos que se impongan, será una muestra pública de lo que le puede pasar a una persona que de cualquier forma arremete contra la agenda ética de nuestra sociedad, amedrentando a los posibles integrantes de aquellos grupos para que no den una discusión clara explicando cuál es el origen de estos comportamientos violentos en contra de grupos sociales que hoy reciben un blindaje especial por esa agenda ética. Se volvería otro caso más donde no solo la burocracia académica se interpuso ante un posible debate que puede resultar en una investigación social, pero también otro triunfo para la discriminación positiva.

Especulo sobre el porqué de estas conductas, que más allá de que las avale o no, son situaciones reales que la agenda académica no se quiere sentar a discutir porque no hay cuórum para este tipo de discusiones. Pienso que esta es una sociedad solitaria, que ha reforzado esa soledad a través de la interacción en redes sociales, que esas interacciones se ven fortalecidas por la falta de espacio de debates en temas como: ¿Por qué si los indigentes son la mayoría hombres, no es un problema de género? O ¿Por qué debemos todos adherirnos al hecho de vivir en un mundo feminista? Es decir ¿es tan difícil volverlo una discusión y no un argumento para el exterminio? Sí, sí lo es, porque la academia y su agenda han dejado esos temas atrás por miedo de los que tienen dudas sobre ello a ser tachados o mirados como bestias.

Hoy en nuestro país hay un ejemplo similar: El proceso de paz. Muchos detractores del SÍ nunca se reconocieron socialmente porque tuvieron miedo de ser tachados por sus familiares y amigos como ignorantes, bestias o guerristas, cuando sus motivaciones para votar NO, podían estar fomentadas más por la duda que por la convicción sobre el tratado. Igualmente con los detractores del NO: No todos son homosexuales, ni todos buscan que Colombia pase a tener un modelo económico como el de Venezuela, incluso hay muchos que no creían plenamente en el acuerdo pero votaron por SÍ por la luz de esperanza que representaba para el progreso del país. Ambos merecen el respeto y el derecho a hablar que merecemos todos los seres humanos¿Pero qué buscaron ambos grupos? Silenciarse.

Pretender que ninguno de los debería existir, porque la vía de la justicia social solo es una.

Adjudicarse ideologías políticas que no son

 Ese silenciamiento tiene una estrategia muy particular, que utilizan líderes populistas para poder acaparar seguidores: Enmarcar a un enemigo que se encuentra mezclado entre los civiles, para derrotarlo con ayuda de los que buscan la verdad. En este caso de la profesora Sanín, es curioso que lo último que se haya expresado es que hay grupos terroristas en la Universidad, que hay grupos neonazis, antisemitas y machistas. Quiero decirles, que están utilizando la misma estrategia del Uribismo para ampliar su fanaticada: Decir que sus enemigos son terroristas abanderados de ideologías del miedo que buscan hacerse con el poder.

“Chompos” no es un grupo de bandoleros neonazis, ni de terroristas maltratadores, es un grupo de ocio para perdedores que no saben medir sus palabras. Es cierto que muestran actitudes ofensivas frente a grupos sociales, pero eso lo hace todo el mundo, nada más cuando la periodista dice que los estudiantes que aprueban el meme deben ser “hediondos”. Seguramente en su cabeza debe haber una cláusula universal que dictamine que expresar el deseo sexual es exclusivo de la gente bella. Lo que sí deberían estar haciendo los representantes del grupito, es pararse frente a sus convicciones y entablar un diálogo con la profesora Sanín, en donde discutan cuáles son los límites del ocio, del respeto y la tolerancia.

Esa misma forma de convencer a la opinión pública fue la misma que utilizó Gorge W. Bush después de los atentados al World Trade Center: hacerle creer a la comunidad internacional que todos los musulmanes cargan bombas entre las tripas y que merecen ser exterminados porque TODOS acabaron con varios de sus edificios más emblemáticos. Así que que Alonso Sánchez Baute, cuide la forma en la que utiliza esa palabra, porque más que bien a nuestra sociedad, le ha traído dolor y separación (por su columna en la revista semana) . No invite a la sociedad colombiana a silenciar, que ya estamos llenos de fosas comunes de gente a la que han silenciado.

Y si hoy como estudiantes Universitarios de los Andes, o participantes del grupo Chompos quieren quitarse esa cochina etiqueta que son niños ricos borrachos perpetradores de crímenes, violadores como lxs feministxs y los medios los han querido encasillar, inconscientes de todo tipo de noción social, tienen que dar la lucha de ambos lados. Que si tienen críticas frente al feminismo las hagan (Que no son críticas contra los derechos humanos, como dice Francisco Barrios en su publicación de Facebook, sino al sistema de valores que se ha fomentado a través del activismo) con argumentos, y que si van a tener espacios de ocio que puedan ofender a alguien tengan los pantalones para pararnos a reconocer sus errores o a defender sus posturas. Pero no nos carguemos el título de terroristas porque no quisimos dar la cara, o porque quisimos emprender una ofensiva burocrática contra una profesora que ha protestado porque se sintió ofendida.

El discurso del odio

En este punto debo ser claro y es que ambos lados están promoviendo un discurso de odio, tanto el grupo “Chompos”, como la profesora Sanín, se han encarnizado en una lucha por menospreciar las cualidades del otro lado por donde puedan. Si bien los académicos y los ilustrados suelen ser especialmente fanáticos de burlarse de la ignorancia y la falta de conocimiento, un debate de este calibre no puede fomentar ese tipo de odios, por la naturaleza del debate.

No se puede fomentar este tipo de burla, porque están oprimiendo a gente que se quiere expresar por un medio que no comprenden del todo. Y de la misma forma, pienso que deben doblegar sus esfuerzos por educar a las personas que están del otro lado de la pantalla tratando de salvarse el pellejo con su estadía en la Universidad por una broma que no lograron medir.

Así mismo, el grupo de “Chompos” debe entender que están ejerciendo violencia de forma simbólica y que van a tener problemas si continúan con el modo de operación que han venido llevando en redes sociales. Si no quieren ser identificados y no quieren ser señalados, lleven su grupo a instancias menos públicas. Pero al hacerse públicos se hacen acreedores a una responsabilidad y esa responsabilidad en este momento es la ausencia que hace que el resto de la comunidad Uniandina los quiera silenciar.

El humor siempre duele

Una de las vías para criticar una sociedad, siempre va a residir en el humor. Y sabemos que el humor es incómodo porque luchar contra él de una forma académica es muy difícil, pero creo que es el lenguaje de los inteligentes para hacerse paso entre gentes que no habitan en bibliotecas leyendo sociología o historia. Uno de los ejemplos más dolorosos que tenemos, es Jaime Garzón, quien murió a manos de sus enemigos porque nunca fue capaz de dejar de burlar esa sociedad narcotraficante y guerrista que hoy estamos tratando de acabar.

Uno tiene que aprender a reírse de sí mismo y a sabotearse, para dejar que las heridas descansen de respirar y más bien sanen. El humor es una terapia, es una forma de hacernos comunidad, y si bien el humor de “Chompos” es un humor desagradable y arrabalero, hay que entender que en ese humor se muestran comportamientos y opiniones que nadie se atreve a decir en clase por miedo a ser silenciado.

Mi invitación para “Chompos” es que mejoren la calidad de su humor y entiendan que están en el ojo del huracán porque no han sabido regular los contenidos que están publicando. Si quieren volver sus argumentos un punto de discusión y que de alguna forma se los tomen en serio sin que les cierren el chuzo, deben abogar por tener algún tipo de contenido editorial que la moral colectiva les permita. De lo contrario, vayan al anonimato: Vayan a Reddit, a 4chan, a otro board que les permita burlarse de cuanta cosa quieran sin tener que perturbar a la opinión pública.

Mi invitación para Carolina Sanín, es que muestre ímpetu e inteligencia, que invite a sus agresores al diálogo como lo hizo Garzón antes de morir y que aprenda la lección de la risa, que no entiende de argumentos sino con astucia. Intente hacer una clase en la que utilice a “Chompos” como su materia prima para revisar lo mal que está la sociedad colombiana, aprópiese de sus propias técnicas para sobrellevar el dolor que nos causan nuestras heridas. Aprenda a burlarse de sus enemigos en un código en el que ellos mismos puedan entender.

Escucha y la verdad no es más que Sanín burlándose de los que no le agradan, así como lo está haciendo Chompos y se está dejando ganar. Decir que el lenguaje del humor no es de su dominio, es mentir. Utilice el don para defenderse, ya que la institución no le va a ayudar.

Acabo esta pequeña opinión con esta canción

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Voluntariados: Todos somos una pequeña ONG

Hace algún tiempo he estado interesado en los voluntariados como opción de vida. Como soy un pobre inocente y crédulo, pensaba que los voluntariados eran oportunidades de entregarse voluntariamente a un servicio social, que no necesariamente tiene que ver con los temas a los que dedicamos nuestros estudios. Uno puede pensar que el voluntariado es un estilo de vida para el antropólogo que se la pasa con sus botas Merrel de caserío en caserío, o para los etnólogos que adoran escudriñar en las entrañas de las culturas perdidas. Pero no es así, últimamente el voluntariado y el espíritu de viaje se han tomado el mundo de tal forma, que no nos parece desquiciada la idea de irnos a África a bendecir a un pueblo desolado con nuestra presencia iluminada, eso sí, por un par de mesecitos.

DESCARGOS

Debo decir que admiro a las personas que dedican su vida al servicio de su comunidad, sea de tipo religioso (Hare Krishnas, Sacerdotes, Monjes) o de forma organizacional. Su forma de emplear este tesorito que llamamos vida me parece completamente loable y espero algún día poder dedicar la mía algún servicio menos egocéntrico que escribir o diseñar, como ellos lo hacen. Lamento un poco la imagen que este mundo le ha vendido a la gente sobre el servicio, donde todo se vuelve banners en redes sociales y frases inspiracionales para saber si debemos terminar con nuestras parejas o no.

CAMP ROCK TRABAJADITO

Empecé mi investigación como todas las personas de nuestra generación: por internet. Ubiqué varias instituciones (que para qué les hago mala propaganda, ni las menciono) que ofrecían una experiencia completa en donde el voluntario se sumerge en un entorno desconocido para sus comodidades posmodernas y tiene la oportunidad de trabajar por su manutención. Hay de todo tipo, desde darles educación a niños menos favorecidos en África, hasta recogerles la caca a los elefantes en un santuario en Taiwan. A medida que uno va leyendo su descripción se va a dando cuenta de que no es una cosa tan de voluntario y que tampoco es que uno se gane la papita por ir a pasar el tiempo con los elefantes, es más como un Camp Rock trabajadito.

Me explico: Si uno va a ir a entregar su vida a una organización que se encargue de salvarle la vida a gente desamparada, uno no espera que le pidan plata. Uno espera que le saquen la leche, que lo pongan a dormir en una cama de puntillas, que lo pique el zika y lo ponga fuera de funcionamiento, pero realmente uno no espera que uno tenga que pagar porque bueno, uno está entregando su vida ¿no? Pero no, en estos sitios usted tiene que pagar un cojonal de plata, para poder ir a enseñar el abc en inglés y tomarse fotos con los locales.

Los astutos dirán que es envidia, pero no es así, realmente este disgusto tiene una problemática más de fondo que simplemente tener repudio por tener que pagar por ir a hacer un servicio social en donde probablemente no lo necesitan a uno.

TURISMO DE HUÉRFANOS Y OTROS HORRORES

Continuando con mi investigación me puse a pensar: Si realmente lo necesitan a uno allá ¿por qué endiablados me están cobrando hasta 12’000.000 de pesos por prestar mis servicios? ¿Es que mi vida no vale? Realmente ese no es el problema, el problema es que se volvió un negocio voraz y como todos los negocios voraces están destinados a corromperse por hacer más plata.

En una charla TED, Daniela Papi, directora de Skoll Centre for Social Entrepreneurship en Oxford, expone el problema de una sola manera: irnos a viajar de voluntarios básicamente hace que los propósitos del voluntariado fracasen. Puede sonar paradójico, pero tiene sentido. Daniela habla de que la mayoría del tiempo nuestra forma de ayudar a una comunidad desprotegida es darle las cosas que nosotros entendemos como necesarias y cotidianas. Así que el pintar casas de gente viviendo en miseria en Etiopía, enseñarles el abc e incluso comprarles golosinas se vuelve una forma de tornar a la comunidad perezosa frente a su situación y esperar que los voluntarios den estas pequeñas muestras de compasión todo el tiempo. Si hablamos estrictamente, no estamos arreglando el problema, estamos empeorándolo. Y no es que nuestra voluntad sea mala, es que no nos hemos preparado para entregar nuestra vida como voluntario, al menos no mentalmente.

Muchas veces los impulsos que nos llevan a irnos de voluntarios no son exclusivamente serviciales, muchas veces queremos huir y no ver a nadie más y sentir empatía por un ser que esté pasando por necesidades que nosotros nunca nos vamos a imaginar. Como todos somos el personaje principal de nuestra historia desde nuestra perspectiva, es claro que ninguno de nosotros somos malos, pero a la hora del té nuestra sola presencia en algún sitio puede volverse nociva.

Volviendo a la charla de Daniela, creo que una de las cosas más terribles que puede haber en este turismo de voluntariado, es el turismo de huérfanos, donde ponen a chicos vulnerables a hacer shows de baile todas las noches, para que los voluntarios se puedan tomar fotos, hacer videos y demás a cambio de filtros de agua y zapatos. Lo más triste de todo, es que la mayoría de estos chicos tienen a alguno de sus dos padres con vida, así que adivinen quién los pone en esas.

CURARLE LA PEREZA AL GOBIERNO

Si bien es cierto que muchas veces los voluntariados nacen por causas nobles, esas causas terminan diluyéndose en el tiempo y los propósitos. Por ejemplo, cuando Un Techo Para mi País me pide plata en la calle, siempre les digo que no, les digo que no y digo: La verdad yo no quiero quitarle responsabilidades al gobierno. No es que tenga mal corazón, es que he visto que esta organización en particular se ha vuelto una excusa para que primero, los voluntarios crean que están en algún tipo de conexión con la realidad de Colombia, y segundo, que le curen la pereza al gobierno de darle hogar a cada Colombiano que vive en la calle porque en su vereda los paramilitares acabaron con cualquier posibilidad de subsistir.

Por supuesto, querer ayudar a alguien en condiciones desfavorables siempre es bueno, pero nadie se pregunta por qué es que estas personas no tienen casa ¿Será la guerrilla?¿Serán las drogas?¿Será el desempleo?¿Será el déficit fiscal? Es probable que todas confluyan para que esta situación se dé, pero lo que realmente tenemos que entender es que el darle una casa a una persona no es una solución integral para ayudarlos a salir de la miseria o para que se conviertan en ciudadanos activos de esta sociedad, es una simple manera de lavarnos las manos al “poner nuestro granito de arena en la comunidad”.

Si realmente queremos combatir la injusticia social, los problemas de pobreza y miseria, deberíamos concentrarnos en reformar la educación, las facultades agrarias del país, el sistema de salud. Pero no, nada de esto es tan glamoroso como decir que me fui a construir una casa para personitas pobres en una montañita con un techo para mi país.

SER UN LÍDER SOCIAL NO ES GLAMOROSO

Este problema del glamour no es algo accesorio, es que realmente no podemos vender la imagen de un líder social como algo deseable. Si piensan, ningún líder social es lindo, ni adinerado, ni se va de paseo al Sommerland, son más bien descuidados y feos y probablemente no compran en Marc Jacobs. No sé por qué será así, pero así funciona. Y el problema es que la mayoría de personas (o animales) que necesitan de nuestra ayuda no nos van a ayudar a vernos glamorosos en redes sociales: Hay presos en las cárceles que necesitan que los escuchen por un segundo, hay animales en los centros de recolección del estado que necesitan que los cuidemos y que nuestra casa huela a perro para salvarles la vida, hay gente que se hubo desplazada del Bronx hace unos días que hoy están amenazados por la famosa limpieza social, pero solucionar nada de esto nos da estatus.

Es que hoy en día en un trabajo si usted ha dedicado alguito de esfuerzo al servicio social, lo contratan más más fácil, es decir, usted no puede ser discreto con la forma como ayuda a los demás, usted tiene que gritarlo a los cuatro vientos para que sea real. Y entre más se tome fotos y más se vea metido en el cuento, mejor, porque hoy en día sin la evidencia nadie es nada.

Me voy a valer de una cuenta de instagram que me encontré hace poco para ilustrar lo decoroso de esta situación.

Por último quiero decir, que si usted de verdad está comprometido con el cambio de este mundo tan estrellado en el que vivimos, arriesgue sus propias comodidades. Si se va a ir de voluntario, dedique su vida a ello, no lo haga por tres meses para traer fotos a la casa. Si pide paz, haga las paces con los que no concuerda y deje de insultarlos como si fueran enemigos, al fin y al cabo todos somos pulgosos seres humanos y buscamos las mismas cosas en la vida. Y por último, si quiere sentirse una pequeña ONG ¡Sea una de verdad! No se contente con saber que hoy un elefante en india tuvo un día menos de caca en su establo, o en su santuario.

Estaba escribiendo sobre el posconflicto y le terminé haciendo una carta a mi ex.

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Cuando pienso en la Colombia que se viene delante, solo puedo remitirme mi relación actual con mi exnovia. Aunque nadie me lo crea, el exnoviazgo amistoso es un posconflicto, en el que muchas veces se tranzan intereses para darse cuenta de que el amor incondicional de una relación pasada, se asemeja a cuidar a una patria.

Cuando vi por televisión el primer apretón de manos entre Santos y Timochenko, pensé en la vez en la que me tuve que haber trancado varias cervezas en un concierto, para acercármele a mi ex a pedirle que no me odiara, que de cierta forma le quería pedir disculpas. Un evento muy similar al de festejado/odiado apretón, en el que una Colombia representada por Santos, en una borrachera medio amnésica que en ese momento olvidó todas las asquerosidades que pasaron entre las manos del famoso guerrillero, se combinaron con las otras marranadas que las manos de Santos deben cargar en su mugre. Pero los importantes no son ellos, al final, ellos se van a morir y solo los libros de historia los van a recordar a diario. Lo que realmente va a importar, va a ser cuando todos los días vayamos a ir a la oficina y probablemente nuestro compañero de escritorio sea un desmovilizado que alguna vez militó en la guerrilla.

¿Y ahí qué se hace? Pues nada, lo que hicieron los amigos de mi ex y mis amigos cuando nos aguantaron el tener que volver (pues al fin ellos son los que se tuvieron que aguantar esa situación incómoda en la que nos habíamos metido por decidir acabar una brecha que nos separó durante mucho tiempo, sabiendo que los problemas que nos separaron estaban tan adentro de nosotros, como los problemas que una vez separaron a la guerrilla de la tetica benévola del estado), apoyarnos, darnos el ánimo de que sí se puede construir una patria remendada y funcional entre los dos.

Es que de todo tipo de amigos hay, eso sí, porque están los amigos entusiastas que celebran que se haya acabado la pendejada, están los amigos paternales (y a veces la misma familia de uno o de otro) que quiere nunca más volver a tener que ver con ese otro ser inmundo que le generó salpullidos a su ser querido, de los cuales nunca se va a reponer, según ellos. Está el amigo mamerto que le dice a uno: Ay, es que esa vieja se la pasa en Baum y escribe en Vice. Pues para todos ellos, quiero decirles una cosa: Yo te acepto neoliberal y con Pricesmart, Colombia, así no simpatice para ni mierda con que este país se vuelva un nido de la individualidad.

Para todos los marchantes de los partidos políticos, sean simpatizantes o no de la izquierda, de la guerrilla, de la silla vacía, del proceso 8.000: Quiero decirles que en este momento su filiación es lo que menos importa, lo que importa es que hagamos propuestas para aceptar este reto, de ver como dos amigos se dan la mano, para dar paso a una relación nueva, poco a poco remendando los errores del pasado de ambos lados. Y a los que les vale huevo la política: ¡Espabilen! Puede ser que usted en algún momento tenga que lidiar con una exnovia y el ejemplo de los demás le sirva.

Ese es el núcleo del posconflicto, la aceptación de que algunos que tenemos cierto tipo de pensamiento, que suele estar asociado con gente oscura y de pésimos modales, podemos volver a soñar con el tener la palabra para decidir algo y que, al mismo tiempo, la otra parte, que es mayoría, puede vivir su vida en paz, comprando en Forever 21 y comiendo en Krispy Kreme, a veces escuchando nuestros consejos para que no se vayan a engordar, no se le dañe la ropa cada mes.

No vayan a creer que con el dar la mano es suficiente, no sean ilusos, si ahí es cuando todo se pone más difícil. Uno todos los días va recordando las cosas horribles que pasaron, los encerrones existenciales que cada parte representó para el otro y solo a través del perdón y la paciencia se pueden ir remendando. Nadie está diciendo que vayamos a cederle el puesto al señor que acabó con 300 personas en el Urabá Antioqueño, así sin más, pero sí al menos hacerle saber que hay una oportunidad de revindicar sus errores y que de todas formas, entender que si el otro se vio en una posición extrema de hacer daño, tal vez es porque nosotros mismos en algún momento lo forzamos.

También creo que parte del superar una relación de ese calibre, para que haya proceso de paz con un final feliz, es el poder entender que el perdón es presencia. Si nunca habláramos mi ex y yo, probablemente pensaríamos lo que pensábamos al momento de terminar, por eso creo, que todas las gentes deben entablar un diálogo amplio y extenso sobre las experiencias de cada uno en la época del conflicto, para así ver también, que el recordar es sanar, y que un país que no olvida y perdona, es resiliente. Así algunas veces nos parezcan pesadas las conversaciones del otro, o que hablan por hablar, es importante no perder la calma y dar la opinión de lo que pensamos o sentimos, aunque sea fastidio.

Por último debo decir que para que un posconflicto se pueda arreglar como una amistad entre dos exnovios, lo más importante, es la constancia y la paciencia. Pues si todos somos ese amigo entusiasta que quiere que ambos lados estén bien, vamos a poder participar de lo que sería una nueva época en donde los que estamos en contra de los vestigios de esta guerra, ya no somos dos bandos, sino un país unido por el perdón. Sean ejemplo con sus exdemonios, de un país que pide a gritos las vías del perdón.

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Caricatura por Mario Roberto http://www.juepucha.com

Herbalife: un testimonio de vida.

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Queridos lectores, hoy quiero ser un testigo de esta experiencia radical que cambió mi vida, una vivencia única, irrepetible, de la que hoy quiero que ustedes hagan parte.

Primero les voy a contar un poco de mi historia personal: Yo era un pobre diablo, como cualquiera de ustedes. Trabajaba en una oficina con una corbata de colores planos, con trajes grises y aburridos, como todos los que hoy están leyendo este testimonio. Estuve en áreas comerciales, administrativas, atendí llamadas de call centers y serví cocteles en bares. Queridos lectores, mi alma estaba llevada por los infortunios de la falta de oportunidades, por la mala situación económica y por el alcalde comunista que gobierna nuestra ciudad.

Pero esperen, no se inquieten, hoy en mi testimonio quiero comentarles mi actual situación. En mi parqueadero descansan dos BMW’s fucsias, una Ducati con la bandera de Colombia pintada y un hoverboard que adquirí por la donación de 20.000 dólares a un proyecto de una kickstarter. Vivo en un apartamento en la cabrera, en el que la puerta del ascensor da a mi sala con obras de todos, artistas famosos: Botero, Romero Britto y Andy Warhol ya son parte de mi colección. Usted, lector, que es tan culto y sabe lo que quiere decir eso, también querrá saber que cada dos meses departo con las gentes más distinguidas del mundo empresarial, en lujosas embarcaciones con comida exquisita, música de altísima alcurnia y ropa muy inclusive.

Hoy les vengo a hablar de un estilo de vida, de una oportunidad que a todos nos puede cambiar el rumbo vital. Esta oportunidad única en toda nuestra existencia, llega a nosotros por una fuerza sobre natural que nos sobrepasa, que vive en cada uno de los seres de este planeta la posee, esta fuerza nos levanta todos los días y nos devuelve a nuestros seres amados cada vez que salen por la puerta de la casa: Esta fuerza es el Éxito, señoras y señores. Sólo el éxito, esa posibilidad innata con la que el hombre es concebido bajo la bendición de la voluntad y el impulso, esta fuerza nos hace estar en oportunidades únicas en la vida.

Después de esta introducción querrán saber, cómo hoy conozco el poder del éxito: Nuestra casa se llama Herbalife, este es nuestro hogar, nuestra piedra angular, la fuente del conocimiento y de todo lo que nos merecemos. El día que conocí Herbalife, no llevaba la corbata con motivos florales que llevo hoy y mi mujer era bajita, sin sus Manolo’s. Pero aquí crecí, aquí me he formado como persona, adquirí valor en la sociedad, dejé de querer entrar a una tienda y ver el precio de la ropa, querer ir a un restaurante y no ver el precio de la comida, hoy puedo darme el lujo de ostentar una posición respetable en la sociedad.

Si a usted también le interesa dejar de preocuparse por su futuro, no desperdicie esta oportunidad en la que lo desarrollaremos profesionalmente y le daremos el chance de poder vivir como los demás nunca podrán. A través de un kit de productos recomendados 100% por la sociedad colombiana de nutricionistas, con garantía de devolución si no se cumple con las expectativas que desea. Con estos productos usted podrá desaparecer los males más grandes que agobian a nuestra sociedad: La calvicie, la gordura, la celulitis, la guerrilla, la insolvencia económica y el más grave de todos, la pobreza. Lo único que debe hacer, es expandir el mensaje del éxito entre sus conocidos, que adquieran el kit del éxito por tan solo setecientosmil pesos y a partir de ello, seguir expandiendo la palabra de verdad y justicia que todos nos merecemos.

Quisiera que después de leer esto, hablaran con Clarita y José, las dos personas quienes orgaizaron la reunión en la que yo me volví miembro. Ellos ya son Head Master of Puppets Diamond, dos cargos abajo del CEO de la empresa y solo llevan cuatro años en este negocio. En este momento su sueldo es 35 millones de pesos y lo único que tienen que hacer, es levantarse a ver a Jota Mario Valencia en las mañanas, rascarse el ombligo y tomar champaña hasta que la desidia los lleve a la lectura de Bukowski y puedan compartir frases en internet mencionando el sinsentido del dinero.

Los dejo con esta gran oportunidad para superarse, para vivir una vida que otros no se atrevieron por no tomar el riesgo de lagartear a un nivel que Poncho Rentería temería y que algunos otros no fueron capaces, de dar ese salto al abismo de la cosificación humana en su máxima expresión, yo, que soy fiel testigo de esta, su casa, la casa del pan y del vino de reservas extranjeras, los entrego a la compañía de mi testimonio de vida.

Fui un Catfish

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Son como las cinco de la mañana, no, como no. Son las cinco. Yo mismo puse la alarma anoche, cuando por última vez me dijo que la diferencia era de doce horas. Entonces me levanto y prendo la pantalla del computador, porque sigue encendido, mucho más que yo. Me rasco los ojos un poco atolondrado. Dormí dos horas. Voy a la ventana y con el Sharpie que hay encima de la mesa de noche, dibujo una estrella como las de Mario Bros en la ventana, con ojitos y todo. Voy a la pantalla y reviso si ha llegado algo, pero no. Me devuelvo a la ventana y empiezo a contar estrellas, mientras se alza la luz amarillenta que taja el cielo en dos, doce, trece, catorce y en el computador no ha pasado nada, no hay mensaje, no hay nada. Me recuesto sobre la cama un momento, tratando de no perder de vista la pantalla del computador.

Me despierto molesto, como con un mono colgado del hombro y miro el reloj. Son las doce ¡SON LAS DOCE! Me apresuro a mirar la pantalla del computador y lo único que puedo ver es:

-¿Cielo?

-¿Estás?

– No te despertaste 😦

– Te quiero, me voy a clase.

Último mensaje enviado a las 5:17.

Maldita sea, me quedé dormido. Ahora me voy a tener que pasar todo el cochino día con la astilla en el corazón de que no fui capaz de levantar la cabeza a más de 9,9 metros sobre segundo cuadrado, para decirle que la extraño. Que extraño ver esas letras que usa para decirme que me quiere ver ya, que si estuviera acá y hubiese terminado con Camilo todo habría podido ser distinto. Y yo sé que no, que no habrían terminado, que soy un resorte en donde está dejando que el corazón salte una y otra vez, observando el amanecer, mientras el uno sueña con la presencia del otro.

Me siento en el computador y empiezo a escribir:

-¿Sabes? Esto es una sensación tan horrible, como placentera. Porque lo único que tengo para ver de ti son esas curvas de las eses cuando escribes mi nombre y lo lindo que tus palabras se comportan. Y tal vez solo me quieres porque te dedico el tiempo que nadie te dedica, por estar allá. Pero así soy yo, que no me saco las ideas de la cabeza y aún así, sé que no eres una idea. Sé que estamos enlazados por algo más profundo que los 1080 x720 pixeles que nos separan. Un lazo tan largo que sobre él caminan los marineros de ese Atlántico que nos separa, los peces, las focas, los tiburones, tu ex, tus amigos, todo lo tuyo y se estrella contra mi corazón, que está hecho de espuma de colchón.

Lo selecciono todo y lo borro, escribo:

-Lo siento cielo, me quedé dormido después de levantarme.

Me paro de la cama y bajo a la cocina a hacerme el desayuno, ninguno de mis papás está porque se fueron a trabajar. No hay nadie en la casa, excepto yo y la señora del aseo que me pregunta qué quiero de comer ¿Qué querrá que le responda? No entiende que yo lo único que quiero probar es algo que me sepa a la lengua de Sara, pero ella no entiende, está más allá de sus mundanos intereses. Y yo estoy tan más acá de los intereses amorosos, que dejo que me mate la distancia de a pocos, que no como nada, porque todo me sabe a Bogotá en vacaciones y yo lo único que quiero es que me sepa a arena y a mezquita con rezo a las 5 de la mañana, a una colombiana llorando en su almohada porque ha dejado la mitad de sí en otro lugar.

Subo la comida, la arrastro en el plato de un lado a otro, y hago como si hubiera comido, voy al baño y me odio un poco: por ser quien soy, por no estar al otro lado. Cierro los ojos y pego la nariz al vidrio, lamo el espejo como si estuviera besándola, pongo las manos sobre el vidrio también y me veo a mí frente a ella, mordiéndole el cuello como un vampiro chupa vida que le quita sus negras penas del corazón.

– Hola, cielo. Llegué de clase.

– Hola, te pensé mucho.

– Yo también, no logro sacarme la idea de la cabeza que tú estás allá y yo acá.

-Tú sabes que te voy a esperar, que te voy a esperar con paciencia.

Y así transcurren las conversaciones, redundando en la misma idea, siendo testigos de la vida del otro que transcurre como un reloj de arena, con el tiempo del lado del otro siempre, opuestos, unidos por una estrecha línea que cambia de dirección constantemente.

-Este fin de semana me voy de paseo con mi familia, Sara.

– 😦

-Yo sé.

-¿Y entonces hablamos hasta el lunes?

-Sí, eso creo.

Cada pasaje de la carretera se vuelve lindo, se vuelve merecedor de una línea, se vuelve una clave para entender por qué la gente enamorada escribe, pinta y esculpe, y al tiempo, se vuelve un martirio, una corriente de aire que me sofoca por la imposibilidad de agarrarla con las manos y destrozarle la tela que la cubre. Empiezo a contar los postes de la carretera, uno, dos, tres, veinte, sesentaydos, Sara no va a llegar.

-Hola, volví anoche.

-Te extrañé mucho, no tenía con quién hablar.

-Me tienes todo.

Estoy harto de la redundancia del idioma. De decir las veces que la quiero ver, que cuento las horas, que cuento los días, los postes, los pastos, las siluetas de las nubes, los cuadritos de los cuadernos. Han pasado 155 días desde que le dije que iba a empezar a esperar y a contar la espera. Desde ese entonces han pasado dos gripas, dos insuficientes en exámenes de matemáticas, una visita a la casa de la abuela Teresa y dos dejadas de la ruta en la mañana. Tantas cosas he contado, que he mejorado mi habilidad aritmética y puedo contar muy rápido ahora, como: Undostrescuatrocincoseis, más rápido que nadie, pero la paciencia no me ha crecido y me empiezo a jalar el pelo, a comerme las uñas, a tener insomnio, a hacer rutinas venenosas.

-Ya casi nos vemos, cielo.

-Sí, no falta nada. Estoy muy feliz de vernos.

-Ha pasado mucho tiempo ya, no puedo creer que me hayas esperado.

-Siempre te lo dije.

Ahora salir con mis amigos es salir con ella, pero espiritualmente. Porque su presencia no existe, no al menos acá y ahora. Siempre ando dubitativo, siempre hablo con alguien más, pero no está y ellos me reclaman por no ponerles atención. Me siento con alguien en las piernas, pero ese alguien está dormido. Salgo por las madrugadas, a ver la luna, imaginando cómo poder dejarle un testigo para que cuando ella la vea, me piense, que sepa que tengo un altar donde reposan sus e-mails, donde cada estrella que le pinté se convierte en una luz de vela alrededor de sus ojos que nunca he visto. Ella sabe todo de mí, sabe quién soy, sabe qué hago, sabe cuándo lo hago, pero no conoce mis labios, no sabe cómo es mi cuerpo. No tiene ni idea que tengo gorditos en la panza, que probablemente su ex no tenía y al fin y al cabo ¿Eso qué importa? Si conoce mis palabras que son lo que pienso. El amor no puede ir más allá, porque de ser así, habría estado enamorado de una redacción, de un párrafo y una fuente, habría estado enamorado de la edición de la personalidad de alguien.

-¡¡¡¡Mañana llego!!!!

-Ya lo sé, cielo. No imaginas cómo estoy, me quedé calvo y todo.

-Tan bobo, no digas eso que te quiero pasar las manos sobre el pelo.

-Mañana vas a poder, te recojo en el aeropuerto.

-¿No tienes clase?

-Sí, pero si capo un día no pasa nada.

Hoy nos vimos por primera vez, vino a Bogotá de visita. Es más alta que yo y estuvimos juntos por dos horas, me dijo que se tenía que ver con su familia porque hace mucho no estaban juntos. Tengo la sensación de que no me va a llamar, ni a contestar e-mails, ni nada, tengo esa sensación de fracaso que uno tiene cuando le va mal en un examen, pero no se desborda hasta que llega el boletín. Pero lo voy a esconder, el boletín, hasta que pueda que no importe que haya reprobado el año escolar. Ya borré las estrellas de mi ventana.

Sobre los remates en el centro como fenómeno kitsch

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Hubo el tropipop y la oleada de las bandas punk en los colegios, hubo el ska, el reggae, hubo el emo, de cada una puedo dar un ejemplo: Sombrero vueltiao le hizo una canción al guaro, Briako le hizo una canción a la sirena y por ahí fue D-formes y Ratón Pérez haciendo berriditos amables. No me aíslo, la verdad, también estuve en una banda del colegio donde tocábamos La Fuga y Marea, en la que en una presentación se me olvidaron las letras e hice el oso. Lo de menos es desmarcarse, en realidad, la excusa para escribir esto hoy es que siempre hemos estado en un ciclo de reciclar el reciclaje que poquitas veces se rompe, muy pocas, de formas muy pequeñas.

Voy a empezar con un pasaje de mi historia personal: Hace unos tantos años, cuando tenía algo así como 16 o 17, empecé a frecuentar un sitio que se llamaba Piso 3. No sé si ése era su nombre, o simplemente así se denominó porque quedaba en el tercer piso de la casa cultural del salmón. Allí, donde muchos de los adolescentes de la época empezamos nuestra vida nocturna de la movida electrónica, empecé a notar un fenómeno que menos que raro, es muy común en estas tierras del neoliberalismo indigenista y la sociedad de consumo a medias. Piso 3 era un sitio especializado en Drum and Bass y Hard Techno, géneros que iniciaron en Inglaterra hace unos 20 años, más o menos, y que no sé realmente en qué momento empezó a pegar acá en Bogotá. No es por perder el rigor investigativo, es porque si había fiestas –underground- de ese tipo en Bogotá, pasados diez años, no debía ser una coincidencia con lo que encontramos actualmente.

Este fenómeno sigue sucediendo hoy en día, pues cuando a más de DOS DÉCADAS en el mundo, el techno y el house se empezaron a volver una movida, por así decirlo comercial, sobre todo en Bogotá (aunque no excluyo a las demás regiones de Colombia). Para qué me pongo a decir nombres, nadie quiere caer en ese juego de tenis de echarle el agua sucia a los otros, en últimas los que lo realizan es lo perecedero y el espíritu de fusilar a horas tardías es lo perdurará por los siglos de los siglos. Además tenemos muchos ejemplos hoy en día: Basta con ir a la 85 o al centro desde la calle 45 y uno se va a encontrar con todo tipo de antros. Hay los feos, los bonitos, los caros, los baratos, los de moda, los tradicionales, y francamente, lo de menos es la calaña del sitio, porque si ustedes se fijan todos tienen techo de teja de aluminio (algunas más decoradas que otras).

Todos estos lugares de rumba adolescente/adulta joven/adulta trasnochada han adquirido un pico de fama tan alto, que ahora uno no se queja porque en Bogotá no traen gente, sino por lo imposible que es salir un viernes a ver la gente que a uno le gusta. Dejo ejemplos: Cuando vino Matador a Bogotá, me abstuve de ir porque sabía que al sitio no le iba a caber una paloma. Así fue, y tuve la fortuna de viajar a Cali por esos días, trayendo conmigo la suerte de que Matador se presentaría allá también. El problema es que costaba 70.000 pesos, que para un DJ set me parece una vaina exageradísima. Incluso si fuese un live set, no creo justificable pagar cada 8 días de 50.000 a 150.000 pesos (que fue lo que cobraron cuando vino Dixon, a hacer un DJ set para el cumpleaños de uno de estos bares) para que uno pueda ver a sus artistas favoritos. Si dijéramos que usted se gasta 50.000 pesos semanales, durante todas las semanas del año, ya podría estar haciendo lo de un tiquete para ir a Miami, en donde la entrada para ver a un artista de la talla de The Martinez Brothers, le sale por algo como 10 dólares , y así sucesivamente. No es que allá sea mejor, es que de paso se puede dar un paseo y pagar una suma más razonable.

Después de esta introducción larga, he de decir que he llegado a una conclusión del por qué del sobrecosto en los precios de entretenimiento en las principales ciudades colombianas, esto enfocado hacia el ámbito de la electrónica: Es puro arribismo. Póngase a pensarlo, desde que Berghain se volvió como el Andrés Carne de Res internacional, la gente está aprendiendo a hablar alemán y se quiere ir a estudiar a Berlín, para limpiarse la raza con un germano que no sepa bailar salsa. El otro día SoHo sacó un artículo sobre lo simple que es la experiencia de uno de estos bares y los comentarios de odio (escritos en alemán por gente de apellido García, Herrera, Sandoval) no se hicieron esperar, argumentando que la prensa no sabía lo exclusivo e importante que era que Bogotá tuviera estas experiencias sobrevaloradas.

El núcleo principal por el que he decidido escribir esto, es por el entendimiento que le damos a la palabra Kitsch, que por allá, también en los noventas, Martín de Francisco y Santiago Moure se atrevieron a denominar como “Una corronchería play”, o algo así. Resulta que en Colombia se le dio esta connotación, a todos los fenómenos que traían algún aire de lechona, morcilla, currulao, carrera décima a las dos de la tarde, San Pedro, Madre Laura, Y péguese la rodadita, ect.

Hoy quiero decirles, que esto no es más que una ilusión, el Kitsch no se desprende de qué tan campesino sea un fenómeno, el Kitsch se desprende de la naturaleza sabandija y copiona que el fenómeno tenga. No es porque yo lo diga, no, es porque el que se inventó el término así lo dijo, un señorito muy jarto del arte que se llama Clement Greenberg. No me voy a poner a citarlo, porque qué tedio, nadie lee citas, lo que quiero hacer en realidad es una traducción a lo que el man denominó como Kitsch: Cualquier fenómeno que se aproveche de un momento comercial y lo explote poco genuinamente, eso es Kitsch.

Entonces ¿qué podríamos definir como Kitsch bajo este contexto? Dudo mucho que a la lotera que vende en la caracas con 19 le parezca poco genuino su cantar de LOTERIAAAAA!!!! O que a los genios que se inventaron las tablillas de los buses se les haya hecho que estaban copiando una forma de mapa mental tan sintética y brillante como la que inventaron. Eso lo dudo mucho, lo que sí no dudo, por ejemplo, es que la gente que ha montado conciertos, bares y –experiencias- alrededor de la movida del techno y del house en éstos últimos años haya pensado que era genuino.

Este es el grueso del tema: ¿Quién mierdas en realidad se cree el cuento de que ir a rumbear a los sitios de moda donde ponen electrónica es un fenómeno de alta alcurnia social? (La respuesta es que mucha gente, la verdad) Es de lo más plebeyo que hay, no se sigan mintiendo. Gente que porque escucha Sven Väth desde que comenzó, o desde hace dos meses, siente que está liderando una tropa que cambiará el mundo a punta de droga y unidades CDJ. Es la pena que sufrimos la patética juventud, ese ciclo del cambio social, que en Colombia es tan incipiente, en el que nosotros nos colamos por la puerta de atrás como raro sin dar mayor aporte que seguirle los pasos a lo que otros países conemzaron. Así sucedió con el rock de los sesentas que Caicedo retrató en sus libros y que hoy día hippies trasnochados aún defienden con nostalgia, y el punk de Rodrigo-D que se terminó convirtiendo en las novelas donde Ramiro Meneses acabó trabajando.

Ese es el Kitsch, ese fenómeno que en Colombia logra agarrar la superficie de los fenómenos internacionales con agilidad y viveza (como las ratas que raponean celulares en la décima) y que al fin de cuentas, nos dejan en un piso movedizo sobre nuestra identidad cultural, que termina siendo la No-Identidad. Si para esta época, usted no ha ido a rematar hasta las seis de la mañana al centro, está sacadísimo de onda, si no apoya el matrimonio igualitario, es un cerdo cavernícola y si no anda en cicla es un animal contaminador y poco racional. Ni siquiera tiene que ser una iniciativa de corazón, con tal de quedar bien, usted puede decir que adora a los gays y llegar a la casa a echar pestes de ellos y así mismo, como sucede en el congreso, todos dicen que sí para hacer pantalla y lobby y al final se van con el rabo entre las patas de la ética.

No faltará el que lea esto y se indigne porque digo que la lucha por la igualdad social en Colombia no es genuina, o que se indignen porque su amor por el techno alemán es poco más que una pasión de cuna. No los culpo, me ha pasado. Pero en realidad, este es un lugar que funciona así, donde las fachadas cambian a toda hora y los cimientos suelen quedarse intactos desde la Patria Boba. Por eso, si va a dárselas de vanguardia por ir a trancarse dos pepas y pagar diez veces lo que cuesta un evento a los que está yendo, piense dos veces en que está siendo un bobo útil de un momento del mercado.

Como última anécdota quiero dejar la siguiente experiencia: Hace poco, unos meses, vino a Colombia Maya Jane Coles, una de las Dj’s, productoras, ect, más importantes de la época actual. Era un jueves y el sitio, que normalmente mantiene abarrotado, tenía por mucho 100 personas. Ese día comentábamos con el novio de una amiga, que es irlandés, que nos sorprendía como en cualquier ciudad de Europa o Estados Unidos, que es de donde salen todos estos movimientos musicales hijos de la electrónica, esta chica habría llenado un escenario de 3.000 personas muy fácilmente y que, acá en Colombia, la boleta haya costado 30.000 paupérrimos pesos y no haya habido más de 150 asistentes. Dirán que es porque era DJ set, o porque era un jueves, no sé, el caso es que dejo esta pequeña reflexión, para que si su papá le dice que lo de meter pepas es pura moda, lo escuche con más atención y no se haga el internacional, que lo hace ver como otro más que pasa por esta tierra del fusilaje y el rebusque a gran escala.

¿Por qué ver Buena, Bonita y Bogotana en vez de Soho?

Desde hace un tiempo he venido leyendo Buena, Bonita y Bogotana, con interés más que morboso. Desde que vi la primera foto de la revista, sabía que había algo especial ahí, no solamente por los culos que salen a menudo en las fotografías, sino por la propuesta que tiene la revista en sí.

Recuerdo la primera vez que cogí una revista Soho en la peluquería donde peinaban a mi mamá, fue una experiencia extraña, sobre todo porque no le veía lo diferente a los afiches de Cerveza Águila. Hoy en día la diferencia es mucho más notoria, los afiches de Águila que hay en los talleres se siguen pareciendo mucho al reinado del turismo donde ganó la mujer de Gilberto Rodríguez Orejuela, mientras que la Soho se quiere parecer a más a una revista gringa, con las mismas viejas que las de los calendarios en los talleres.

De hecho todas las publicaciones Colombianas tienen un acento brutalmente marcado por el narcotráfico y negarlo es como negar a la madre, en serio. Se promociona carros, productos para la belleza de la mujer, también artículos para que el hombre se sienta poderoso y viril, es un hecho, en Colombia el narcotráfico más que económicamente, nos caló hasta los huesos moralmente, en la forma como vemos a nuestras mujeres y, a pesar de que muchos estamos mamados, las publicaciones que reconocen la imagen de la mujer no nos ayudan mucho a salir del estigma.

Vuelvo al cuento de Soho acá, y no solo de Soho, también hablo de Don Juan, Esquire y ese tipo de publicaciones con un tono más “sofisticado” del asunto. No hablo de los artículos, porque decirnos mentiras acerca de eso también sería un deshonor, pero sí hablo de las fotografías. En todo el recorrido que han tenido estas revistas en el país, nunca se ha dejado de tener esa imagen de la mujer trofeo, al estilo traqueto, que tienen ese tipo de revistas. Póngase a pensar, usted cuándo putas en la vida va a poder ver a Natalia París en su apartamento en cueras. No joda, pajéese lo que quiera, pero todos sabemos que las probabilidades de que usted y yo como colombianos clase media, que no tenemos carro de 700 millones de pesos, que no somos promotores de eventos millonarios y demás, veamos una cosa así en nuestra vida es bastante nula.

Y el problema no es solo por nosotros los manes que todo el tiempo tenemos la presión del exitismo social, de la competencia laboral y demás, también el asunto es con las viejas que además de tragarse toda esa verga que acabo de decir, tienen que aguantarse la presión de parecerse cuanto más puedan a Natalia París, porque pues así se supone que es lo que buscamos los manes. ¿Entonces cuál es el valor que nos generan esas publicaciones, que nos venden la idea de que estamos en vía de desarrollísimo, que tenemos un acerbo cultural supremo y que nuestras mujeres son productos dignos de exportación? Al final nos deja un malestar de no poder ser el man o la vieja que sale en sus páginas siendo exitoso y con carita de otro país.

La respuesta a esto, tal vez inocentemente, nació en una publicación indie que según sus principios busca exaltar la belleza de la bogotana que usted se cruza en el trabajo, en la calle, en su edificio, sin buscar ser modelo de nadie y centrado en el erotismo (esto suena un poco a cuña radial, pero estoy parafraseando de su página web) y no puedo estar más de acuerdo con que la revista cumple con todos sus objetivos. Al principio dije inocentemente, porque creo que a veces desconocen el potencial de identidad que circunda a la revista, y no solamente de identidad, de acción frente a las propuestas arribistas que nos regalan los medios día a día en el Publimetro.

Las fotografías, a pesar de que en un principio parecían tener más experticia técnica, suelen ser frescas, aunque un poco reiterativas en la imaginería y los montajes (pero bueno Soho y Don Juan se copian de otras revistas, no se les puede dar duro por eso), se les siente la guarrada y la ramplonería que vemos todos los días en Bogotá ¿Usted monta en Transmilenio? Estoy seguro de que en algún momento se imaginó así con alguna chica que iba montada en su mismo bus, sin mucho photoshop, sin mucho maquillaje, sin mucha teta levantada con silicona. Al final la reiteración no le impide a Buena, Bonita y Bogotana tener muchísimo contenido autóctono, sin insinuarnos ser como alguna de las chicas que salen en la revista, tampoco queriendo ser esa copia mediocre y traqueta de las revistas gringas.

Siento que ese es el núcleo que hace que Buena, Bonita y Bogotana sea tan buena, porque al fin y al cabo si lo que la publicidad y los medios nos venden de que podemos ser quien queramos, ellos lo defienden a capa y espada. Si usted no tiene medios para llegar en un BMW a la 85, o si simplemente no le interesa y ve la belleza de la cotidianidad, puede que ese sea su espacio. Donde nadie le va a recriminar que le guste ver viejas en calzones normales, en barrios por los que usted pasa diariamente en su vida cotidiana. Lo más lindo es que la mujer como espectadora puede encontrar un respiro de ver tanta edición y anorexia que hay en todas las demás revistas, esta revista es mucho más real, no le coma cuento a Dree Hemingway con su Lady Million.

Aunque lastimosamente, no todo puede ser bueno. Lo que le pasa un poco a Buena, Bonita y Bogotana es eso de que “No tiene talento, pero es muy buena moza” y no lo digo de forma despectiva, le ha hecho un poco de falta conseguir gente que le escriba buenos artículos, crónicas y demás. Porque pues de eso también se trata de una revista, sobre todo si los valores que defienden son tan poderosos y ricos como los que la revista predica. Para mí, es una oportunidad que la revista debería aprovechar para abrirse más espacio entre las publicaciones que se consideran “serias”. Porque si además de entregar un producto, que tiene un valor adicional , por su base conceptual y sus directrices, se publicara artículos de palabras robustas, estoy seguro que lo dejarían de ver como mucha gente me ha dicho: “Es una guisería, que es muy paila por la vulgaridad”.

De pronto la revista esté cómoda en su nicho de mercado donde la gente solo va a ver culos, pero sería sensacional si bajo sus directrices conceptuales hicieran un trabajo, no sé si sea el nombre, periodístico más serio. No por chauvinismo, también porque ver un formato latinoamericano compitiendo con chatarra como Noisey, El Espectador, Fox News, Vh1 y tanta basura que nos meten por las diferentes redes sociales, sería definitivamente refrescante.

Por último, me gustaría decir que desde el corazón de un seguidor acérrimo, felicito a los genios que crearon la revista. Creativos así son los que hacen falta en este país, que no apelen tanto a la copia y al arribismo, que sean más originales y mejor preparados para reconocerse como colombianos.

Y para los que no la han visto, acá les dejo

http://bbybtv.com/cms/

Por qué prefiero a Daddy Yankee que a Jimi Hendrix

Me he visto muchas veces enfrascado en conversaciones de por qué The Smiths, Led Zeppelin o Pink Floyd son mejores artistas que Daddy Yankee, Jimmy Gutiérrez o Wisin y Yandel. Aún hoy cuando la conversación se condensa en referentes más sofisticados, como Daft Punk, Disclosure o los representantes de los circuitos de música de club, hay un consenso general, desde mi perspectiva, entre la gente cool que apoya la música de otras latitudes al referenciar al Reggaetón, los corridos o la carrilera como música inválida dentro de un contexto del que tenemos mucho de qué sentir orgullo.

Voy a empezar por dar una breve historia de mi perspectiva cultural del reggaetón: Era yo, en séptimo grado de bachillerato creyéndome el putas por escuchar Eskorbuto y La Polla. Llegó el fenómeno de la gasolina, por el cual todas las niñas en las fiestas de colegio se volvían locas y en la mente de un puberto bombardeado de testosterno, la única manera de poder acercarse a una jeva era aprendiendo a bailar el estrepitoso género aquel. Me demoré mucho en caer en sus garras, porque me sentía muy pro-mujer y esas cosas (que no vienen a esta discusión) y al final, a eso de noveno, tres años después porque me cagué un año, aprendí a bailar reggaetón. Vino la felicidad a mí. No entendía si estaba siendo mañé, si estaba destilando manteca contra la pelvis de alguna amiga del colegio, pero fue fiesta cada ocho días para bailar hasta que diera el salón comunal.

Si uno contextualiza ese tipo de recuerdos y nostalgia, podría estar generando una memoria, como la que a algunos padres les generará escuchar The Beatles o Rolling Stones, solo que bajo diferentes contextos y lógicas. El contexto de Jimi Hendrix lo podrán entender los tres gatos colombianos que lo debieron haber visto en vivo ¿Y los demás qué? Si a usted le parece que es más cercano el blues de los oprimidos estadounidenses, que la borrachera del prom, déjeme decirle que está meando muy por fuera del tiesto.

Haga lo que haga y diga lo que diga, usted nunca va a poder entender las condiciones socio-culturales que desataron el rock europeo y estadounidense que tanto idolatra. Así se haya visto seven ages of rock edición de lujo con comentario de ultratumba de Jim Morrison, esas son vainas que a usted por designios del divino, no le tocaron vivir. Pero por suerte tiene otro tipo de folclore más al alcance de sus manos, que le parezca mañé, ñero, guiso, de quinta o lo que sea, ya es para su malestar social un desalabro porque, aceptémoslo, si le suena Gali Galeano en algún bar en París, usted va a sentirse aludido.

Puede que la gente se altere o lo que quiera, pero las bandas tradicionales del rock apelan a un recurso muy fácil, en mi opinión, que es una narrativa sobre las cosas infalibles en los seres humanos: La tristeza, lo sublime, lo masculino, lo femenino, ect… Si usted quiere, puede ir a una entrega de primer semestre de Universidad, o incluso proyectos de arte de colegio y podrá saber que los artistas están apuntando a las mismas ideas, bajo diferentes determinaciones formales, pero la idea es la misma: La tristeza que sentí cuando… La alegría que sentí cuando… El alivio que sentí cuando…

Es cuestión de códigos, mírelo por ese lado. Si el mensaje que usted quiere dar es que es un chico triste e inglés, las herramientas lingüísticas o musicales a las que debe apelar son bien conocidas, es decir, tiene un código que prácticamente todo el mundo va a entender, y el código no es algo mágico que apareció entendido en la cabeza de todo el mundo. Por ejemplo, mi mamá no se aguanta una canción de Patti Smith, que es más o menos de su época rebelde, pero si le pongo JLo o Pitbull, se pone feliz de la pelota. Tiene sentido, porque los procesos de codificación con la cultura se dieron más hacia su vida adulta que hacia su niñez, puede ser por condiciones económicas o sociales.

Teniendo un código adaptado por todos, lo que viene es más sencillo aún: Hallar una manera figurativa en la que esos códigos apelen a sensaciones que se puedan fácilmente entender ¿Qué quiere decir eso? Si tenemos la posibilidad de hablarle a todos, al final la intención real del artista no va a ser necesariamente la que se produzca en el mercado musical. Por ejemplo Nirvana, si el propósito inicial de la banda era cagarse en toda la industria musical, hoy en día salieron hípercagados cuando los ponen en fiestas de 15’s.

En cambio, si a usted le ponen a Jimmy Gutierrez en una cantina, o en una fiesta de 15’s, Jimmy Gutiérrez va a tener asegurado desayunarse al menos unos buenos huevos pericos al otro día, sin ningún rechiste ideológico. Y no se trata únicamente del contento del artista, es el contenido artístico que este lleva consigo. Póngase usted a pensar: Una persona que no tiene una educación avanzada (como muchos fans del rock pregonan de sus ídolos) es capaz de hacer consumir hasta a Hong Kong (como dice Calle 13) sin en entender en absoluto los códigos se utilizan, para mí, eso es característico de un genio artista.

Eso, en cuanto al consumo, póngase a pensar la capacidad de síntesis y de abstracción que tienen estos tipos al componer. Alejo Durán, con la canción de la perra, estoy seguro que hizo temblar a Barba Jacob y sin titubear, puedo decir que la canción homónima de Los Hispanos, tendría un efecto similar. Por qué diantres a nadie se le ocurre pensar en todas las posibilidades metafóricas que resultan de este sabroso ritmo tropical.

Si usted es de los que no aprecia el arte abstracto, puede remitirse a algo más figurativo: “De rodillas te pido” de Giovanny Ayala. Puede que la parte musical de la que fue fusilado este género llamado ampliamente “popular”, sea de raíz mexicana, pero imagínese a Vicente Fernandez saliendo de la cama con una vieja mona teñida, más operada que nadie y reventando una botella de whisky en el piso. Grita Colombia por todos lados, por el fusilaje, por lo narcodescendiente, por lo que sea, es una producción de la que usted no confunde el orginen.

Hay quienes a los que les molesta que lo asocien con los traquetos, con las lógicas machistas de la cultura popular y demás, pero tengo para decir dos cosas. La primera, es que si usted pretende salirse de ese esquema, va tener que aceptarlo como propio sin dolor, porque de dejarlo a un lado lo único que le va a quedar es ese desagradable recuerdo de su país de origen cada que se le cruce por el camino. La segunda, es que las dinámicas sociales en otros ámbitos son las mismas que las de la música popular. Piense en esas viejas que son modelos de ropa independiente, que van a los sitios de electrónica de moda y que tienen docemil seguidores en todas las redes sociales ¿Quiénes son los novios de esas viejas? Los dueños de los bares, los tipos cool que son dj’s, mejor dicho, usted no las va a ver con Pipe Bueno, por más bueno que esté, y eso sucede, porque seguimos teniendo la misma perspectiva traqueta exitista de la vida, filtrada por otros códigos que nos hacen sentir europeos o gringos.

Hay gente que dice que la música popular es demasiado figurativa, que la forma de la música no tiene narrativa alguna, a diferencia de la música electrónica de muchos géneros como el minimal techno. Quiero decirle a esas personas, que nunca tuvieron que bailar en una fiesta “La Marcha del Pato” de Los Mirlos. No es que me guste más, pero de una manera modular la canción logra capturar toda la escencia de la fiesta navideña Colombiana. Dígame quién diablos en una canción va a apelar ese tipo de cosas. Si usted es grinch y odia ver a tía bailando Rodlfo Aicardi, o simplemente esas tradiciones murieron en su familia hace décadas (o nunca existieron porque tiene ascendencia italiana y a ellos qué les va importar), por favor vaya a una casa clase media que paga con tarjeta codensa para que vea la feliz realidad que los rodea.

Con seguridad hoy puedo decir que el más grande cantante, compositor, performer y orador lationamericano, es el reggaetón. Donde quiera que vaya hay reggaetón, desde Cali hasta Pasto, desde Argentina hasta México. Se transformó en un espíritu ubicuo de cómo vivimos nuestra cotidianidad, de cómo celebramos, de cómo sufrimos. En cada país se fue transformando para uso exclusivo de cada región, hoy todavía no entiendo qué es garete ni flejetón, y me imagino que un salvadoreño le entiende a Kevin Roldán que un pato es un animalito en su canción. Dígale a Thom Yorke que le represente la identidad del grueso popular gringo a ver con qué gracias le sale. O que le diga a Soko que cante una canción en la que incluya a Polonia, la jode, se queda sin de qué hablar si no tiene playa, amor y esas cosas de series de Sony.

Para concluir, quiero decir que esto más que un discurso chauvinista sobre géneros musicales que apoyo y disfruto, es más un texto sobre cómo productos que mucha gente trata como de segunda, para pobres, mañés, en fin, me han hecho reflexionar sobre quién soy, sobre cómo quiero plantear mi identidad. Que si una representante de Unicef me dice narcotraficante periquero, tenga los pantalones para asumir que también soy eso y esperar una oportunidad par ademostrar lo mucho más que soy, sin tener que nombrar a Falcao o a Shakira.

Esto tampoco es un manifiesto de descarte a la hibridación y la fusión. Negar la copia, la chiviadera y la baratija de este país, es negar la cultura popular en sí. Por eso hay proyectos hoy en día, los cuales mezclan millones de cosas y les sale tan colombiano como un plato de lechona, o un cuentico del antiguo vallejo, al que le encantaba Antioquia. Hibridemos, copiemos, fusilemos, pero con mucho sentido de la orientación, porque para copiar lo que hacen los extranjeros allá, nos hace falta vivir allá, y eso es algo que no todos tenemos la posibilidad de hacer, o simplemente no queremos.

A Colombia la tiene jodida el odio

Hoy 25 de Mayo de 2014, vísperas de las elecciones presidenciales en Colombia ocurren dos cosas extremas: Por un lado, las personas que apoyan al Uribismo con capa y espada están felices y celebran una victoria, por el otro, una ola de decepción e inconformismo por la victoria de un “ antiguo régimen”, si se quiere, que antes gobernaba.

Al principio sufrí, tengo que admitirlo. Eché diablos de los votantes que eligieron a las dos pestes del país como los mejores administradores que esta patria merece. Fuera del discurso chauvinista, me duele, es triste sentir la derrota cada cierto tiempo que hay elecciones para representar cargos públicos, cuando suben candidatos simpatizantes con la derecha fascista o cuando alguno que se mostraba interesante se tuerce.

Pero hoy he llegado a una conclusión, que empecé a pensar cuando iba a las marchas en contra de la reforma a la ley 30. Siempre que iba a las protestas veía que la gente se acercaba al ESMAD y le gritaban cerdos, hijueputas, animales y demás cosas ofensivas, yo pensaba: Esos manes deben devolverle los madrazos a uno con mucho odio. Y era cierto, la gaseada y la cascada después no era normal, indiferente de género, raza, edad, uno salía con el cuerpo magullado.

Ese fue el hallazgo prematuro,  me di cuenta de que Colombia es una escuela de odio perpetua. Después conforme iba viendo cómo los colombianos nos desenvolvemos en ambientes que no necesariamente son hostiles, me di cuenta de que nuestra naturaleza nos hace odiosos, nos hace creer mejores que los otros, así seamos iguales.

El otro día hablaba con un compañero de que en la Universidad (estudio en Los Andes) había mucha gente que así estuviera pagando lo mismo que uno, tenía la necesidad de sentir que pertenecían a una estirpe más merecedora. Muchas veces cuando habían protestas iniciadas en la Universidad, saltaban comentarios de que seguramente son los becados, o que había gente que simplemente no se tocaba con otra gente porque al parecer hay una jerarquía social imperante que se desarrolla entre más alemán sea el apellido de uno. Me sorprendió escucharlo de él, porque en un inicio pensaba que él pertenecía a esa estirpe, pero dándome la oportunidad de escucharlo me di cuenta que no necesariamente era así, que era un estudiante como yo, que tenía inconformidades.

Ese es el quid de este escrito, entender que nuestra cotidianidad colombiana nos hace odiosos. Sentimos que los demás nos quieren hacer daño o atacar porque hallamos la diferencia peligrosa, y es completamente entendible, porque tenemos una historia de sangre, de desconfianza, de dolor. Pero sinceramente, creo que el asunto para cambiar el país, fuera de un modelo económico, fuera de una idea de izquierda o de derecha, es superar esa brecha que nos separa los unos a los otros como coterráneos y creo que este es el momento.

Creo que hoy un colombiano puede llegar al perdón con su hermano. Tenemos desmovilizados en los taxis, ex-guerrilleros atendiendo la caja del supermercado y por supuesto los mismos asesinos en los puestos altos del poder ¿Por qué no darnos una tregua? Creo que si tanto hablamos de un proceso de paz, lo que necesitamos verdaderamente es el perdón con la diferencia, no solamente política.

La campaña política de estas elecciones, desde todas las perspectivas, fue un ariete de odio de lado y lado. Los que odiamos a Zuluaga por ser el  portador de las ideas de Uribe, los que odiamos a Santos, el gran repartidor de los recursos colombianos, los que odiamos a Peñalosa, un ex-alcalde que conoce mucho más de otras regiones que de su propio país, los que odiamos a Clara, la representante de un sector en Colombia que generalmente está asociado al crimen y al dolor.

Pero más allá de esos sesgos, hay que admitir que en la diferencia está el poder. Que detrás de cada candidato hay propuestas que en conjunto son mucho mejores que un solo partido. Si hoy, entre personas de un país que necesita el diálogo nos pusiéramos en la tarea de escuchar las necesidades y propuestas de los otros, no estaríamos en una carrera de odio que llena los medios de comunicación de ofensas y denigraciones.

Creo que en Colombia hay talento, no me considero un genio, pero sé que muchos ciudadanos del corriente como yo, más un poquito de cohesión social, de amor por el que comparte la cuadra conmigo, podríamos hacer la diferencia que cambie ese panorama que tanto nos fastidia y duele. Y esta es la propuesta: Bajémosle al odio.

No pretendo que el mensaje tenga sectores, se lo digo tanto a la gente que trabaja en la central de abastos como cotero, como a la gente que tiene empresas de pasteles. Este país no necesita cohesión únicamente cuando hay que enfrentarnos a otros países, tanto en la política como en el fútbol (que para mí viene siendo lo mismo). Este país necesita que hallemos las cosas que nos hacen similares y hacer de ellas nuestro primer paso en la paz, la identidad.

Que un colombiano, además de Falcao y Shakira, tenga más motivos por los cuales darse la mano. Que un paisa por fin pueda declararle el amor a un bogotano, sin tener que apelar a que son mejores que nosotros por equis o ye motivo, que nosotros los bogotanos  dejemos la idea estúpida de que por ser la capital tenemos más que las demás regiones, sabiendo que somos una ciudad pequeña en un país en vía de desarrollo, que podamos ver a un costeño y admirar su capacidad de ocio y reflexión.

Alguna vez un profesor de sociales me dijo: “Los países asiáticos progresan, porque respetan los cultos de los otros”. Hoy sé que no es cierto, pero sé que es una lección importante. El deber de esta generación jóvenes adoloridos es que potenciemos las habilidades de cada uno de los colombianos para que haya al menos un país vivible, porque del madrazo en Facebook a los otros candidatos, solo nos va a quedar la desidia y la amargura.

Al veganismo le falta ética  

Estoy seguro que a todos los de esta generación nos ha picado el bicho de la sensibilidad con el tema del vegetarianismo, sobre todo porque en esta época la euforia con defender a los animales es un hecho que no podemos negar. Vivimos llenos de campañas por televisión, las redes sociales nos bombardean de culpa a toda hora y también la gente cercana nos habla de las bondades del vegetarianismo. Creo que en algún momento, fue justo y necesario. Sabemos que la manera como criamos a los animales hoy en día no es la más digna, a pesar de que nosotros nos criemos en ambientes igualmente hostiles, vivimos en una eterna preocupación porque los animales, como dirían muchos, merecen más que los seres humanos.

Las alternativas que plantean los pro-animales frente a esta situación de esclavitud y sufrimiento animal siempre recaen en el mundo vegetal, donde según las posturas de muchos de estos grupos, encontramos todos los nutrientes que necesitamos para vivir. No es mentira, si uno se mete a la página de PETA, puede encontrar dietas semanales basadas en avena, aguacate, nueces y demás variedad de frutos, tallos y hojas de diferentes plantas.

Las opciones que encontramos en la página de PETA, no solo para alimentación, también para vestido, literatura e incluso entretenimiento, es vasta y completa. Videojuegos con temáticas veganas, sacos veganos, incluso alguna vez supe de una chica que tenía charol vegano (nunca supe cómo lo hacían). Todos estos productos, claramente, para el sostenimiento de una organización que hoy en día no sé qué tan sin ánimo de lucro sea. Y no es solamente una organización, el veganismo se ha vuelto una institución, encontramos tiendas veganas en cada barrio, podemos vivir la vida ideal neoliberal sin animales, pero he ahí el problema, la responsabilidad recae completamente en las plantas.

Si bien, el argumento de la mayoría de veganos es que las plantas no tienen sentimientos y que por eso las pueden consumir sin ningún tipo de remordimiento, hay dos razones por las que este argumento se cae solo de su peso: El primero, que las plantas también son seres vivos y que, como a los animales que hacen parte de una línea industrial de producción, se les somete a tratamientos químicos y a una vida controlada dentro de un invernadero con el único propósito de nuestra alimentación, eso a mí me parece que es un cerdo de engorde. La segunda razón, es que cerebralmente la mayoría de animales tenen la corteza prefrontal orbital poco desarrollada (excluyendo a algunos primates que, a excepción de algunas culturas, no consumimos generalmente) lo que hace que no puedan tener sentimientos complejos, solo emociones básicas como la ira, o el miedo.

Pero es normal, es normal que nos precipitemos a abogar por los animales sin que nos detengamos por un segundo a contemplar las plantas. Dos botánicos, Wandersee y Schussler, llamaron a esta “enfermedad” plant blindness,que en español sería algo así como plantonismo (sí, me lo acabo de inventar) y se debe a varios procesos. El papel de los medios dentro del crecimiento de un ser humano es retroalimentativo, si los shows de televisión, las revistas y demás narrativas educativas tienden a darle importancia a los animales y dejar de un lado escénico a las plantas, es natural que la gente crezca dándole más importancia a los animales. Pero este no es el motivo de fondo, es más bien lo que los mismos que acuñaron el termino de plantonismo, llaman zoochauvinismo, que se refiere a la preferencia de las gente en general a los animales sobre las plantas.

Pienso que más que zoochauvinismo, es cuestión de egocentrismo. Vemos en los animales más de nosotros mismos que en las plantas: Los animales se mueven a una velocidad que podemos razonar, tienen familias y experimentan visiblemente sensaciones parecidas, así pues, cuando le damos de comer a un perro, bate la cola, o cuando le regañamos porque se caga en la sala, nos mira con miedo. Pero no es que sintamos compasión por ellos, o que pensamos que son mejores, en realidad es un culto a la vida humana por completo, de una manera reductiva.

No me voy a quedar en consideraciones negativas, lo que más me ha interesado de este cuento del veganismo es que la razón fundamental para explotar a las plantas, como si fuesen un mineral más, es que argumentan que las plantas no tienen sentimientos.

Hace poco, viendo videos de Myth Busters, me encontré con dos cosas curiosas, la primera, un video del canal Smithsionian, en donde a través de experimentos con éter y fuego, comprobaban que las plantas responden a diferentes estímulos del ambiente como las drogas o el dolor. El segundo, aún más interesante, fue un mini documental sobre el trabajo de Cleve Backster, inventor del polígrafo, acerca de cómo las plantas perciben estímulos no solo directos, sino indirectos hacia ellas.

El doctor Backster, a partir del polígrafo, experimentó con varios estímulos en plantas y encontró que, incluso en los alimentos orgánicos, se perciben pulsiones eléctricas frente a los estímulos. Por ejemplo, al insertar mermelada de fresa en un yogurt, una planta que tenía conectada al polígrafo experimentó picos abruptos, como si las células que componían la mermelada estuvieran comunicándose con la planta. A este fenómeno, Backster lo denominó percepción primaria y aunque parezca esotérico, es uno de los argumentos por los cuales me he inclinado a pensar que las plantas sienten y se comunican de formas que aún no entendemos bien.

Entonces no habría motivo para cultivar, clonar, cortar y, en general, utilizar las plantas como objetos, porque los argumentos que hemos tenido durante años han sido como una doctrina religiosa sin fundamentos, a pesar de que muchos de sus pretextos hayan sido considerados como inválidos. El problema no es consumir carne, ni consumir vegetales, porque habrán los que digan que nos alimentemos de agua y tierra para no herir a las plantas, pienso que es un problema más de tratamiento ético.

Si las plantas son seres vivos que sienten y pueden intervenir el ambiente, cómo sabemos que lo hacen ¿Por qué habríamos de tenerlas en plantaciones enormes en donde solo nos sirvan como granjas de engorde? ¿No sería más justo, para animales y plantas, si creyéramos en una forma más ética de consumo? En donde sí, matemos animales y plantas, pero también tengamos en cuenta que es la muerte de un ser vivo quien nos proporciona la vida todos los días.

Creo fervientemente que la gente que apoya y milita en estas instituciones veganas activistas están inscritas, sicológicamente, por motivos muy diferentes a la protección y el tratamiento ético. Creo que es un hecho snob, como nos ha criado esta sociedad de competencias, para sentir que somos mejor que los demás. Al igual que la creación del carro híbrido, la moda de andar en bicicleta, ó incluso la tendencia hacia los partidos de izquierda, el veganismo debe plantear mejor sus principios éticos, pues creo que todo es parte de una estrategia mercantil para abrirle la banda a un mercado emergente que cada vez es más grande, y cada vez menos honesto.